miércoles, 12 de octubre de 2016

Victoria de las mujeres contra los conservadores







Polonia


Fracaso total del gobierno conservador de Polonia. Tuvo que retirar el proyecto de ley contra el aborto, bajo la presión de un movimiento de mujeres. Andy Zebrowski escribe desde Varsovia.

Más de veinte mil personas se manifestaron en Varsovia delante del parlamento el 1 de octubre contra un proyecto de ley que intentaba restringir aún más el derecho de las mujeres a abortar.
Decenas de miles participaron el lunes 3 de octubre en la “huelga de mujeres”. Trabajadores y trabajadoras llenaron las calles y las plazas de todo el país; también participaron miles de estudiantes de institutos. La mayoría de las manifestantes eran jóvenes vestidas de negro - el color simbólico de este movimiento-. Entre los eslóganes, estaban “Parar a los fanáticos”, “Vergüenza, los diputados construyen un infierno para las mujeres”, “La revolución es mujer”. En centenas de placas que llevaban las manifestantes se leía “El cuerpo el mío, la elección es mía”, “Fanáticos, que os den”, “Las niñas derribarán el gobierno”.
Los sindicatos hasta ahora han sido cautelosos, pero el sindicato ORZZ cubrió a l@s trabajador@s que quisieron participar en las manifestaciones, mientras el sindicato más grande del país, el de los y las maestras, fue el primero en apoyar al movimiento. Los sindicatos no han convocado una huelga oficial, pero llaman a las manifestaciones. El apoyo oficial por parte de las organizaciones sindicales al movimiento por el aborto libre es muy importante y tenemos que construirlo.
El nuevo partido de izquierdas Razem (Junt@s) ha jugado un papel importante en este movimiento. En septiembre empezó una campaña llamada “protesta negra”, con manifestaciones por todo el país. Razem se fundó unos pocos meses antes de las elecciones de octubre de 2015, en las que obtuvo el 3,62% y 550 miles de votos. “Democracia Obrera” (la organización hermana del Colectivo Acción Anticapitalista en Polonia) está colaborando con Razem en una serie de campañas.
Las manifestaciones masivas de esta semana han sido producto de meses de movilización en Polonia. Se trata del movimiento más grande por el derecho al aborto en los últimos veinte años.
Cuando, hace seis meses, anunciaron este proyecto de ley que prohibiría todos los abortos, se produjo un clamor. Polonia, junto con Malta e Irlanda, tiene ya la legislación más restrictiva sobre el aborto. Pero este último proyecto pretende ilegalizarlo, hasta en casos donde el embrión ha sufrido daños irrecuperables, si el embarazo es producto de violación, o incluso si la vida de la mujer está en peligro. Las mujeres y los médicos se enfrentarían a penas de encarcelamiento.
Aunque el proyecto lo propusieron “ciudadanos” y no diputados, el partido gobernante (Partido de la Ley y de la Justicia, PiS) lo apoyó inmediatamente. El conservador católico PiS, primer partido desde 1989, en el gobierno con mayoría absoluta, es profundamente de derechas. Sus políticos tratan a los fascistas como “patriotas nobles” y miran para otro lado frente a los ataques racistas que aumentan. En septiembre, el PiS bloqueó un proyecto alternativo que legalizaría el aborto hasta las 12 semanas, no dejándolo llegar al debate parlamentario. Esto enfadó aún más a la gente porque el PiS se había comprometido a que todos los proyectos de ley propuestos por ciudadanos se debatieran, al menos, en una comisión parlamentaria.

Una encuesta realizada antes de la movilización del 1 de octubre apuntaba que un 15% de la población quiere participar en la campaña, un 35% la está apoyando ya y sólo un 14% está en contra. En el momento en que estoy escribiendo estas líneas, el movimiento por el aborto libre se está desarrollando muy rápidamente, cambiando la conciencia de sectores amplios de la población.

Crónica de la marcha contra la base de Rota 2016

El 9 de octubre, el Colectivo Acción Anticapitalista (CAA), estuvo presente en la XXXI Marcha a Rota 2016, al igual que otros colectivos como compañer@s de la Plataforma Andaluza contra las Bases, Plataforma contra la Guerra de Sevilla, SAT, USTEA, Ecologistas en Acción,…etc.
Un año más reivindicando la desaparición de las bases militares y de las tropas extranjeras del Estado Español, los motivos que nos llevan a salir y protestar son muchos, como las guerras, la masacre indiscriminada de pueblos enteros del mundo, los gastos militares exorbitados, miles o millones de euros, gastados en armamentos, aviones, tanques, etc., etc.; que día a día están acabando con la vida de miles, de millares de hombres, mujeres y niños. Tan DIFICIL es invertir todo ese dinero en SANIDAD, EDUCACION y VIVIENDA PUBLICA? El sistema capitalista prefiere comprar y vender armas que salvar vidas, el Estado Español antepone los beneficios económicos generados por las guerras, al bienestar de su gente, ya que estando estas bases cerca de poblaciones, las exponen a ataques terroristas.
Tal y como quedamos en la última reunión de agrupación del CAA, acudimos al punto de encuentro en Sevilla, propuesto por la Plataforma contra la Guerra, llegamos pasada las 9 de la mañana y debo confesar, que estaba un poco nerviosa, ya que era mi primera manifestación fuera de Sevilla. Llegados al lugar, nos organizamos como ir en los coches y pusimos rumbo a la base militar de Rota, tardamos casi hora y media en llegar.
Cuando llegamos al Estadio municipal Navarro Flores (punto de inicio de la marcha) ya se encontraban allí, muchos compañeros de las diferentes organizaciones y colectivos que arriba menciono, preparando las pancartas, las banderas, megáfonos y carteles que llevaban para la mani. Parecía una fiesta, nos hicimos y nos hicieron muchas fotos. Pasadas las 12m., empezó la marcha por las calles de Rota. El Colectivo Acción Anticapitalista formo bloque con la Plataforma contra la Guerra. Entonamos muchos lemas como: “OTAN NO, BASES FUERA”, “ANDALUCIA TIERRA DE PAZ” “YANQUIS GO HOME” y muchas otras que ahora no recuerdo. El recorrido estuvo muy bien casi 3 km de marcha, no hubo incidentes, salvo algunas manifestaciones de los residentes, algunos a favor y otros en contra.
Finalizamos la marcha en la base militar, con la lectura del manifiesto y con las ganas de repetir la misma sensación de satisfacción en la próxima mani, que será en la base de Morón de la Frontera.
 “NO QUEREMOS BASES MILITARES”

“GASTOS MILITARES, PARA ESCUELAS Y HOSPITALES”
                                                                                                 Marlene LLorca

martes, 11 de octubre de 2016

Jeremy Corbyn, una oportunidad para el movimiento

“La victoria de Corbyn refuerza el movimiento contra la austeridad” fue el titular del Financial Times, el periódico internacional de los mercados, el sábado por la noche poco antes de que se terminara la conferencia del Partido Laborista en Liverpool. Jeremy Corbyn consiguió ser elegido otra vez líder del partido, aumentando su porcentaje de 59,5% el año pasado al 62% este año.
Como apunta el periódico: “Esta segunda victoria es una humillación para los 172 diputados que firmaron el llamamiento para echar a Corbyn a finales de junio. La falta de unidad en las filas del Partido Laborista se reflejó en la ausencia de muchos diputados famosos, que se habían retirado de la conferencia antes de que se anunciara el resultado. La mitad de la sala estaba vacía… La opinión de muchos diputados es que no se trata sólo de que el partido haya girado hacia la izquierda, sino que ha sufrido una ocupación hostil.” La inmensa mayoría de los nuevos miembros del partido apoyó a Corbyn.
Una descripción opuesta podemos leer en el periódico Socialist Worker: “Fuera del edificio de la Conferencia más de 700 personas siguieron lo acontecido a través de la BBC en una pantalla gigante. Antes de que se anunciara el resultado ya habían empezado a festejar, aplaudiendo a cualquier diputado que se pronunciara a favor de Corbyn”.
La reelección de Corbyn, incluso mejorando su porcentaje, para la dirección del Partido Laborista, después del Brexit, va a profundizar aún más la crisis política en Gran Bretaña.
La clase dirigente británica, que en su mayoría estuvo a favor del “Bremain” el verano pasado, ahora no sólo tiene que manejar las consecuencias del Brexit, sino también el hecho que el Partido Laborista, un partido que en las últimas casi dos décadas fue el que se encargó de servir a los intereses de esta clase, ahora no está bajo su control absoluto sino que ha sido ocupado por.. “fuerzas hostiles”.
“La victoria de Corbyn es en empuje para todos los que odian la austeridad y el racismo. En sus actos participaron grandes multitudes entusiasmadas para celebrar un mensaje socialista. Esta gente se tiene que convertir en un movimiento en las calles y en los centros de trabajo para parar y echar al gobierno de los Conservadores”, dijo Amy Leather, por parte del SWP, partido hermano del Colectivo Acción Anticapitalista. “El SWP no forma parte del Partido Laborista. Pero el domingo que viene nos vamos a manifestar junto a miembros de este partido en la conferencia de los Conservadores en Birmingham. El sábado 8 de octubre participaremos en la Conferencia de Stand Up to Racism (Levantáos contra el racismo) que quiere construir un movimiento antirracista masivo en Gran Bretaña y donde se espera también a Corbyn para intervenir.”
A pesar de los ataques y las traiciones continuas que sufrió por parte del ala derecha del partido, Corbyn, en su charla para aceptar el mando del mismo, llamó a la reunificación de todo el Partido Laborista. “Formamos todos parte de la familia de los Laboristas y así va a ser siempre. Tenemos muchas más cosas que nos unen de las que nos separan”, dijo.
“Va a haber una presión inmensa sobre Corbyn para que capitule y deje tranquila al ala derecha. Algo así sería desastroso”, dice el secretario del SWP, Charlie Kimber. “Corbyn no debe hacer pasos atrás. Para un cambio real se necesita un asalto a la riqueza y al poder. La victoria de Syriza en Grecia en enero de 2015 mandó un mensaje de esperanza a todo el mundo. Pero Syriza se encontró con la presión política y económica por parte de las instituciones de la UE, los banqueros y los ricos. Ahora implementa un giro de austeridad aún más salvaje de los que implementaron los gobiernos anteriores. Esta es una razón clara de por qué necesitamos un movimiento independiente del Partido Laborista”.
Traducción de “Solidaridad obrera”, periódico hermano en Grecia

lunes, 10 de octubre de 2016

El caos en el PSOE y la izquierda: ¿qué hacer?



La crisis en el PSOE es el episodio más importante hasta ahora dentro del marco de “terra incognita” que estalló el pasado 20 de diciembre. Poe de manifiesto que no tenían razón quienes justo después de las elecciones de junio se precipitaron a decir que el sistema político se había estabilizado y que la caída del bipartidismo ya se había frenado. No pasaron ni tres meses hasta que el PSOE se convirtió en un enorme ring de boxeo.
La “dirección en la sombra” del PSOE -extendiéndose desde Susana Díaz y Felipe González hasta los editores de El País- se asustó frente a la modesta apertura hacia las bases del partido que intentó Sánchez, y no perdió tiempo para mandarlo a casa. Pero, qué miedo tuvieron que tener para hacerlo todo tan rápido y tan desastroso.
Prefieren cuatro años más con Rajoy para asegurar el capitalismo español al que el PSOE es fiable y fiel, un partido que pone las necesidades del sistema por encima de lo que quieren sus bases y sus votantes. Lleva años el debate sobre si la consigna “PSOE, PP, la misma mierda es” es correcta o no. Mientras la dirección del PSOE ha estado haciendo esfuerzos por convencer contra este tipo de “populismo”, ahora, lo único que le falta a la nueva gestora es poner los iniciales PPSOE en la Calle Ferraz.
Todo esto no convierte a Pedro Sánchez en ningún héroe. A fin de cuentas, según la mentalidad de los barones de la gestora, eran ellos mismos los que habían elevado a Pedro Sánchez ahí donde estaba, y ellos decidieron mandarlo de vuelta por donde vino. Si los “rebeldes” de la gestora demostraron su falta de escrúpulos, por su parte el bando de Pedro Sánchez demostró su incapacidad total de enfrentarse lo más mínimo con el aparato.
Los trabajadores y trabajadoras que siguen militando en el PSOE pensando que la base puede imponerse sobre el aparato tienen que sacar conclusiones de lo que pasó. Si Pedro Sánchez, siendo el secretario general mismo, no puede tocar el mecanismo profundo de este partido, nadie puede hacerlo.
Tenemos que ver la crisis del PSOE en la perspectiva de la crisis de la socialdemocracia a nivel europeo. “Pasokización” es un concepto que ha entrado en el vocabulario castellano para definir el fenómeno por el cual un partido como Pasok, que estaba acostumbrado a tener siempre más de 40% en las elecciones durante los últimos 30 años, alcanzó el 4,7% en 2015. Pero no es sólo Pasok. Hollande en Francia es el presidente más odiado en la historia de la Quinta República y los sondeos dicen que las próximas elecciones se van jugar entre la derecha y los fascistas. El SPD en Alemania ha elegido la peor manera para sobrevivir: el abrazo acogedor de Angela Merkel y de su gobierno. El Partido Laborista en el Reino Unido acaba de salir de una pelea interna que empezó con una “revuelta” del ala derecha del partido contra Jeremy Corbyn y llegó a niveles de enfrentamiento mucho más violentos que lo acontecido en Calle Ferraz.
No es una crisis nueva, se está desarrollando a ritmo más lento desde finales de los años 90. Entonces, la subida de Blair en Inglaterra, Simitis en Grecia, Schröder en Alemania, y la moda de la llamada “tercera vía”, hizo pensar a los partidos socialdemócratas que podrían superar el desencanto de sus votantes de una manera que suponía una deriva abierta hacia la derecha. Los partidos socialdemócratas aceptaron abiertamente todas las “verdades” del neoliberalismo: la superioridad de los mercados, los beneficios de las privatizaciones, la categorización de los sindicatos como fuerzas “retrógradas”, etc. La teorización de esta deriva pretendía que la socialdemocracia necesitaba más “transversalidad”: la clase trabajadora supuestamente pertenecía al pasado y si la centro-izquierda quería encontrar una nueva base social, tendría que mirar hacia los sectores “dinámicos” de la sociedad, los que ven su futuro en los riesgos de los mercados y no en la seguridad de los servicios sociales.
El resultado de este camino fue lo contrario de lo esperado: profundización de la brecha entre las bases de estos partidos y su política oficial y debilitación electoral. Así que, cuando vino la crisis de 2007-8, los partidos socialdemócratas estaban poco preparados para pasar a través de la tormenta. El PSOE no ha sido ninguna excepción. De los 11 millones de votos en 2008 cayó a los 7 millones en 2012, a los 5,5 millones en 2015, y de este récord negativo consiguió perder más votos en 2016. En las Elecciones Europeas de 2014 obtuvo 3,6 millones de votos, casi la mitad de los que había conseguido en 2009.
En toda Europa, la socialdemocracia ha resultado ser mucho más vulnerable a la crisis que los partidos de derecha. El porqué se encuentra en el carácter social de los partidos tipo PSOE. Son partidos burgueses en su política, pero obreros en su base. Su esencia es el reformismo. Reformismo no significa “hacer reformas”. Significa la falsa ilusión de que con un partido “obrero” en el gobierno, el capitalismo puede cambiar y obtener una “cara humana”. Mientras las cosas están tranquilas, los partidos de este tipo pueden convencer de que el equilibrio entre las clases sociales más opuestas -la clase trabajadora y los capitalistas- funciona.
Pero cuando la tranquilidad termina, se pueden romper en mil pedazos. La “transversalidad” puede parecer buena para agrupar votos en las elecciones, pero llegan momentos en los que hay que elegir. Y la historia del PSOE ha demostrado claramente que, en esos momentos, la opinión y los intereses de los terratenientes, de los capitalistas y de los banqueros cuenta mucho más que la opinión de los obreros, las obreras, los pobres y los jornaleros. Ya en otra ocasión el PSOE pasó a manos de una gestora: en 1979 Felipe González dimitió, chantajeando, para imponer su “redefinición ideológica” y distanciar al partido de sus referencias marxistas. A la entrada en el gobierno en 1982, el PSOE quería buscar un equilibro entre las expectativas de sus bases y las presiones de los capitalistas que estaban viviendo los efectos de las llamadas “crisis petroleras”. La dirección del partido no dudó ni por un momento quién saldría ganando en este “equilibrio”. Las políticas de “ajuste” que habían introducido los Pactos de la Moncloa y se habían parado en los últimos años de los 70, fueron retomadas más seriamente en 1982 por el gobierno de González, consiguiendo la entrada en la Comunidad Europea, lo que hoy se llama UE. El engaño del referéndum de 1986 sobre la permanencia de España en la OTAN fue el culmen de un proceso de desencanto más generalizado. De esta manera, el PSOE se convirtió en uno de los dos pilares políticos del capitalismo español.
Cuando González dice hoy “Nunca hemos tenido peor resultado en el País Vasco, a pesar de las cosas que hicimos... bla, bla, bla...", expresa lo que querrían seguir haciendo no solo en Euskadi sino a todos los trabajadores y trabajadoras en el Estado español, machacarnos y que sigamos votándolos.
Esta era ya se ha acabado, y de ahí viene su pánico. La crisis del PSOE forma parte de la crisis del Régimen del 78 en general. Por eso, el PP no tiene muchas razones para celebrar: cuando un pilar en un edificio se pudre y se cae es una mala noticia para los demás pilares.
La pregunta es qué hace la izquierda en esta situación. Lo primero que no tenemos que hacer es infraestimar la situación. La pelea interna en el PSOE se expresa como una lucha entre aparatos, pero no tenemos que quedarnos en la superficie. Son las luchas de los últimos años las que han desestabilizado al PSOE, es la concienciación a través de las experiencias lo que ha hecho que no funcione lo de siempre.
Un segundo error sería despreciar a las bases y votantes del PSOE. Las direcciones del PSOE y del PP son “la misma mierda”, pero las bases de los dos partidos no son las mismas. Hay centenas de miles de personas que pensaban que el PSOE era la única alternativa a la derecha. Hay gente que lucha en los sindicatos, en los barrios, personas con experiencia en organizar. La izquierda tiene que tener las puertas abiertas a quienes se sienten asqueados por las manipulaciones de Felipe González y su gente.

Pero no ser sectarios significa también no ver a las bases del PSOE como votantes, y como posible clientela electoral. La dirección de Podemos, viendo la situación sólo como una oportunidad electoral, es incapaz de intervenir en el debate ideológico real. Se posiciona como otro PSOE, más limpio y más sincero, quizás, pero lo que se está desmantelando en este momento es mucho más profundo: es la estrategia de la socialdemocracia en toda Europa. Hasta hace poco, Podemos andaba buscando un gobierno con PSOE. A día de hoy, planteémonos ¿Bajo qué tipo de presiones y chantajes estaría este gobierno, con la cúpula de quienes hoy forman la “gestora” en la sombra? IU incluso formó gobierno con Susana Díaz misma en Andalucía. Y gobiernos similares -con apoyo de Podemos, IU y PSOE-, siguen existiendo en comunidades autónomas y ayuntamientos en todo el país. Esto no ayuda nada a la credibilidad de la izquierda.
Tenemos que salir delante de forma clara para contestar a las cuestiones reales que surgen a través de esta crisis. Decir abiertamente que es el capitalismo el que está en crisis y que es un sistema que no se puede arreglar. Explicar que las luchas son la única manera de impedir que cualquier gobierno pueda imponer el programa de los capitalistas y de la Troika. Los momentos en los que lo que era más estable en este sistema deja de serlo, son la hora de la izquierda que está contra el sistema. Es la hora del anticapitalismo.
Nikos Lountos
                
No es la primera vez que el PSOE hace un giro a la derecha y traiciona a much@s de sus electores. Ya lo hizo al cambiar su discurso sobre la entrada de España a la OTAN.  


domingo, 9 de octubre de 2016

Número 2 de Acción Anticapitalista, "Es la hora de la izquierda"


Ya esta en la calle el número 2 de nuestro boletín Acción Anticapitalista, "Es la hora de la izquierda" donde hacemos un repaso a las luchas laborales y actualidad política tanto en el Estado Español como fuera de él. Si quieres conseguir un ejemplar búscanos en las distintas movilizaciones o ponte en contacto con nosotrxs.




miércoles, 21 de septiembre de 2016

Black Lives Matter Anti-racismo y radicalización en USA


Más de 140 personas de raza negra han sido asesinadas por la policía en Estados Unidos en lo que va de año según The Counted, un proyecto de The Guardian que contabiliza las muertes de manos de las fuerzas del Estado en dicho país, y que asegura que la cifra total de 2015 asciende a 1.134.

En los primeros días del mes de julio despuntó un nuevo ciclo de esta violencia racista que, por otra parte, nunca se había detenido. La policía asesinó a Alton Sterling, de 37 años, a la salida de una tienda en Luisiana, y a Philando Castile, de 32, al día siguiente en Minnesota, tras cometer una infracción de tráfico rutinaria. Existen vídeos de ambos episodios. Mientras que la policía dice que Sterling iba armado con una pistola y estaba amenazando a personas, las grabaciones de los testigos muestran cómo éste no tenía nada en las manos y la policía lo tenía inmovilizado en el suelo antes de dispararle. En el caso de Castile, fue su novia quién grabó un vídeo y lo publicó en las redes sociales, en el que se la oye diciendo “El policía le ha disparado 3 veces porque teníamos una de las luces traseras estropeada.”

Un par de días más tarde, un francotirador asaltó a los policías en un acto de homenaje a Sterling y Castile en Dallas, matando a 5 de ellos e hiriendo a otros 8. Obama, que por entonces se encontraba en el estado español asegurando sus lazos imperialistas, suspendió su visita a Sevilla para regresar a su país antes de los previsto, al considerar que estas muertes sí eran lo suficientemente importante como para alterar su agenda a ultimísima hora, no así las dos anteriores. ¿Vale más la vida de un blanco que la de un negro para el primer presidente negro de los Estados Unidos, o es la vida de un policía la que merece más la pena que la de un simple trabajador de los suburbios? Lo cierto es que, a lo largo de las dos legislaturas que lleva en el poder, el conflicto racial no sólo no ha disminuido, sino que se ha exacerbado.



En nuestras mentes está la imagen del cuerpo sin vida de Michael Brown, el joven de 18 años asesinado en Ferguson por la policía en 2014, tirado en medio de la calle y descubierto durante más de 4 horas. Su delito, robar unos paquetes de cigarrillos. Dicha imagen es de por sí turbadora y escalofriante como para no olvidarla, pero la memoria se la debemos también en gran parte al movimiento que había surgido un año antes, tras el asesinato de Trayvon Martin, y que continúa más vivo que nunca. Su nombre, que responde al hashtag que inundó en aquel momento las redes sociales, lo dice todo: “Black Lives Matter” (“Las vidas de l@s negr@s importan"). La muerte de Brown, apenas 3 semanas después de la Eric Garner, en Nueva York, hizo estallar concentraciones, marchas y manifestaciones de protesta en lugares muy diversos de Estados Unidos, consolidando este movimiento anti-racista a nivel nacional encabezado por activistas locales en muchas de las ciudades más importantes del país.

Dicho movimiento denuncia la opresión que sufre la población afroamericana en distintas facetas de la vida: económica, sexual, de género, entre otras, recalcando la violencia que ejerce el estado sobre este colectivo. Haciendo gala a su lema “This is Not a Moment, but a Movement” (“Esto No es un Momento, sino un Movimiento”), miles de personas han respondido en las calles de forma inmediata cada vez que la policía ha asesinado desde entonces a una persona de raza negra. Y no han sido pocas, puesto que, desgraciadamente, la lista de nombres es interminable. Se trata además de un movimiento radical con base activista que escapa al control que tradicionalmente ha ejercido el partido demócrata sobre el movimiento negro tratando de encauzarlo por la vía electoral. El Black Lives Matter ha desbordado los centros de grandes ciudades, bloqueado puentes y se ha enfrentado en ocasiones a la policía.

Esta respuesta de denuncia masiva, contundente y organizada que exige soluciones a la clase política es sin duda el camino a seguir ante la violencia racista ejercida por el estado. Una violencia que va mucho más allá de los múltiples asesinatos ya mencionados. No se trata sólo de que la policía asesinara en 2015 a más del doble de personas negras que blancas (las cifras se encrudecen aún más si nos fijamos en los varones negros entre 15 y 34 años, siendo el número de asesinados 5 veces mayor que el de varones blancos de la misma edad), o de que 1 de cada 65 jóvenes afroamericanos que muere lo haga en manos de la policía.

Los asesinatos son la dramática punta del iceberg de la opresión racista. De acuerdo con un análisis de los datos del gobierno federal llevado a cabo por el centro de investigaciones independiente Pew, las personas negras en Estados Unidos tienen al menos el doble de probabilidades que las blancas de sufrir la pobreza o el desempleo. Así, los hogares con un/a cabeza de familia de raza negra ingresan de media poco más de la mitad que aquellos con cabeza de familia de raza blanca. Las diferencias en el nivel educativo, y en otros muchos ámbitos de la vida diaria, continúan siendo un hecho hoy día. Por otro lado, basta con echar un vistazo a algunos estudios existentes que se fijan en las sentencias judiciales aplicadas y las cifras de personas encarceladas o condenadas a pena de muerte en relación con la raza para descubrir que la ley es la misma para tod@s.

Ante este panorama, la irrupción de Donald Trump como posible candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, abre una vía para acentuar la violencia racista del estado en todas sus facetas.

No obstante, el Black Lives Matter y otros movimientos, como el que lucha por el salario mínimo de 15 dólares/hora, expresan la radicalización de una parte importante de la población, que ha tenido también su reflejo institucional en el despunte de la figura de Sanders. Para vencer las desigualdades es necesario ir más allá continuando en las calles frente a las agresiones, vengan de la policía o de la clase política al servicio de los capitalistas, fortaleciendo el movimiento anti-racista y las movilizaciones que atentan contra la clase trabajadora en su conjunto.

Marta Castillo Segura

domingo, 18 de septiembre de 2016

“¿Tienes dinero? Votas por permanecer. ¿No tienes? Votas Brexit”



Este título del artículo escrito por John Harris en el periódico británico The Guardian un día después del referéndum lo dice todo. Los medios de comunicación pro-UE intentaron dar teñir de racismo al 52% que votó contra la Unión Europea. Y es verdad que la dirección oficial del bando del “Brexit” estaba llena de racismo. Pero el voto no fue ideológico. Fue sobre todo un voto de clase: los barrios obreros y los barrios populares votaron Brexit. Los barrios ricos votaron por permanecer en la Unión Europea. Porque, como dice Harris, “el voto no tiene que ver sólo con la Unión Europea. Tiene que ver con mucho más. “Tiene que ver con clase, con desigualdad, con la política que se ha vuelto tan profesional que ha dejado a la gente sin voz ante los rituales parlamentarios, con una mezcla de rabia y de frustración. Y de la mano van los fracasos políticos: Irak, los escándalos de los gastos parlamentarios… [los políticos] que dan la cara solo a sí mismos”.

Millones de personas se sienten totalmente abandonadas. La clase dirigente de Gran Bretaña y los medios de comunicación han estado intentando tornar en racismo la rabia de la gente por el empleo que no existe y el nivel de paro que se esconde detrás de los mini-jobs, por las minas, los astilleros y las fábricas que han sido cerradas. ¿De quién es la culpa de tu bajo salario? De los obreros polacos que han venido al Reino Unido, dicen los periódicos tipo The Sun. ¿De quién es la culpa de la mala calidad de vida en las ciudades? De los musulmanes, dicen. ¿Cómo nos podemos proteger? Cerrando las fronteras, dicen los gobiernos.

Hay gente que se ha tragado estos argumentos. Pero esto no significa que votaran “Brexit” porque estén de acuerdo con Nigel Farage. Votaron Brexit, sobre todo contra el cierre de las minas, de los astilleros y de las fábricas, contra la patronal que “alquila” trabajadores, contra el deterioro de los barrios, contra el empleo de mierda.

La campaña Lexit “por una salida de izquierdas” intentó imprimir este tono a la campaña contra la Unión Europea. Su impacto, dicen algunos, ha sido pequeño. Pero es ridículo llegar a la conclusión de que porque la izquierda es pequeña, la gente de izquierdas tendría que haberse alineado con el enemigo: con Cameron, los empresarios británicos, los banqueros, Juncker, la Europa fortaleza, el FMI, Lagarde (por recordar sólo algunos de los que lucharon contra el Brexit), porque supuestamente lo más importante era parar a Farage. Como si no fueran las políticas oficiales racistas de los gobiernos británicos y de la Unión Europea las que dieron la posibilidad a UKIP (y a otros partidos racistas y de extrema derecha en Europa) de difundir su veneno.


Las clases dirigentes y la Unión Europea están en crisis profunda. Para la izquierda ésta es una gran oportunidad. El trabajo que hizo la campaña Lexit durante tantos meses -contra la Unión Europea, contra el gobierno de Cameron, contra UKIP, Farage, Johnson y el racismo de todos estos- es una gran herencia para el futuro.