viernes, 17 de marzo de 2017

Tras la victoria en Granada… Extendamos la Marea Blanca a todos los rincones para salvar la Sanidad Pública



Las muchas agresiones a la Sanidad Pública, que de forma larvada la socavan desde hace mucho tiempo, alcanzaron en Granada niveles máximos pues, con la justificación siempre utilizada de una mejor gestión de los recursos, se pretendía disminuir los recursos hospitalarios, ya de por sí insuficientes, mediante la fusión de sus hospitales. La sanidad pública española ha estado entre las mejores del mundo, según todos los evaluadores externos, pero muchas de las usuarias y usuarios no son conscientes de ello porque siempre resaltan más sus carencias y fallos que, lógicamente, siempre los ha habido. La sanidad pública es una conquista de la clase trabajadora y ha sido tan eficaz que ha llegado a minimizar al sector privado, que en gran parte ha parasitado siempre al público. Sin embargo, en los últimos tiempos la expansión de la atención privada crece sin cesar y con unas características diferentes al pasado, pues sus propietarios son grandes inversores extranjeros y nacionales que han trasladado su capital desde el sector de la construcción tras el hundimiento de éste; muchos de los profesionales sanitarios son en estas grandes empresas asalariados mal remunerados. ¿Qué está sucediendo para este cambio en algo tan fundamental como la asistencia sanitaria, que se está convirtiendo en un negocio para unos pocos?
Desde 2007, con la crisis económica y la explosión de la burbuja inmobiliaria, la desigualdad ha aumentado porque la crisis la estamos pagando las y los de abajo con el aumento en la precarización del empleo y la caída de los salarios. A este retroceso se está sumando un gran salto en el deterioro de los servicios públicos por los recortes presupuestarios ocasionados por la priorización de la deuda, fuertemente incrementada por el rescate bancario, y los objetivos de déficit impuestos por la Comisión Europea y aceptados por los partidos del bipartidismo.
Ya desde 1997, año en el que el PSOE aprobó, con el apoyo de toda la derecha, la ley “Sobre habilitación de nuevas formas de gestión del Sistema Nacional de Salud”, la sanidad pública está siendo privatizada y se desangra gota a gota en una hemorragia oculta que no provoca la reacción de l@s usuari@s y hasta pasa desapercibida. Solo se manifiesta en quejas “había mucha gente en el médico”, “me ha visto muy rápido”, “no me manda al especialista”, “no voy a poder pagar la medicina”, “me han citado para dentro de un año”, “en rehabilitación me han dado una tabla de ejercicios para hacerlos en casa”, “me dijeron que me llamarían para operarme pero ha pasado más de un año”, “se me pasa la edad para reproducción asistida”, … El acto sanitario es individual y confidencial y esto, junto a la barrera de comunicación entre usuari@s y profesionales, hace que las deficiencias parezcan personales y producto de “la mala suerte” o incluso culpa del profesional que nos atiende. No hay conciencia de que el problema es general y es la consecuencia de la degradación del sistema por el estrangulamiento en su financiación y el desvío de recursos, por múltiples mecanismos, al sector privado (1).
Lo primero en ser privatizado en muchos hospitales fueron los servicios de mantenimiento, hostelería y limpieza, que se consideraron “no sanitarios” olvidando que la Organización Mundial de la Salud dice que “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social”. Un hospital es un gran equipo y esas compañeras y compañeros son fundamentales para el bienestar del paciente y para el correcto funcionamiento del conjunto. Estos trabajos fueron contratados con grandes empresas y la pregunta evidente es: si esas empresas sacan grandes beneficios, ¿cómo se ahorra con su contratación? No es cierto el ahorro que lo justifica y lo que se presenta como una mejora de gestión no es más que lo que están haciendo las grandes empresas con la contratación y subcontratación: rebajar los derechos de las trabajadoras y trabajadores, rebajar sus salarios y precarizar sus contratos. Esta privatización ha reducido la plantilla y ha significado una división más de l@s trabajador@s de los hospitales, debilitando sus luchas. Como trabajador sanitario en un gran hospital he vivido la penosa situación de una cafetería de personal donde la plantilla desayunaba indiferente a la enorme tensión de quienes estaban tras la barra en una negociación de convenio en la que la empresa atacaba fuertemente sus derechos. Esto es posible porque, a pesar de la camaradería, muchos de l@s trabajador@s de la sanidad se muestran, en lo laboral, profundamente insolidarios. Desde hace tiempo los diferentes estamentos se han centrado en reivindicaciones de sus derechos de grupo, a través de sus sindicatos corporativos, pero no se movilizan unidos por las condiciones de trabajo o incluso por la pérdida general de poder adquisitivo. Todavía en el sector sanitario abundan quienes se sienten “profesionales liberales”, sin concienciarse de que son trabajador@s asalariad@s. Incluso dentro de un mismo estamento el “divide y vencerás” ha triunfado y muchos se acomodan con pequeños privilegios personales o ven con indiferencia, desde la comodidad de un puesto en la plantilla, los abusos que se cometen sobre las contratadas y contratados, sin movilizarse en su defensa. Son much@s l@s que se sienten “clase media” sin concienciarse de que son clase trabajadora y de que, a pesar de su sueldo fijo a fin de mes en estos tiempos difíciles, están perdiendo derechos ell@s y el conjunto de la sociedad. En este contexto, las burocracias sindicales funcionan como gestorías, sin intentar enfrentar los recortes mediante la movilización y sin capacidad real de ésta cuando lo intentan; he ido a asambleas del hospital convocadas por CCOO por importantes problemas donde acudíamos cinco personas. Conociendo este sustrato, hay que valorar que en la manifestación de la Marea Blanca del pasado 15 de enero en Sevilla la participación de profesionales de la sanidad pública fue bastante masiva, y de todos los estamentos. La cuesta abajo por la que cae la sanidad pública ha abierto muchos ojos, y l@s sanitari@s empiezan a rebelarse contra las agresiones a sus condiciones de trabajo y a la calidad de lo que pueden hacer con los medios cada vez más reducidos de que disponen.
Pero si se privatiza el mantenimiento ¿por qué no hacerlo con otras parcelas del hospital? Y eso es, en efecto, lo que se está haciendo mediante lo que llaman “externalización”, que no es otra cosa que contratar con la privada lo que debería hacerse en la pública. Al externalizar los servicios se reduce la plantilla y se dotan menos recursos, debilitando el sistema, mientras se enriquece a la privada, a la que se envían exploraciones radiológicas, análisis o intervenciones quirúrgicas. La Junta de Andalucía cada vez utiliza más este sistema, y los conciertos con clínicas privadas, mientras mantiene cerrados hospitales como el comarcal de Morón o el antiguo Hospital Militar o realiza “fusiones” de hospitales y centros de salud.
Pero, además, en la práctica no hay peor privatización que la que se realiza de forma larvada por dejación de funciones, y eso es lo que estamos viviendo en Andalucía. Dificultar, o retrasar, el acceso al especialista o a las intervenciones quirúrgicas de tal manera que el o la paciente, si tiene medios económicos, acude a la medicina privada o se ve obligado a contratar un seguro de asistencia sanitaria. La medicina pública evoluciona así hacia una medicina para pobres que se resiente en su calidad mientras en la práctica pierde su universalidad. Se trata de reducir las listas de espera por abandono de quienes no pueden resistir más. El malestar que se genera se combate fundamentalmente con un gasto enorme en propaganda en los medios afines e incluso en los objetivos de l@s profesionales para la productividad se incentiva “la generación de noticias”.
Es en este contexto de degradación progresiva en el que surge la movilización de la Marea Blanca en Granada, porque la hemorragia gota a gota en el sistema amenaza ya con desangrarlo, y el salto en los recortes de los medios asistenciales ha sido en esta ocasión demasiado brutal para provocar, como hasta ahora, una reacción de “baja intensidad”. Ha contado además con algo fundamental en esta lucha: la existencia de profesionales de la sanidad comprometidos que han superado la barrera de comunicación con l@s usuari@s. La fuerza de la movilización en Granada ha sido la existencia de un objetivo concreto, muy visible y defendido por todas y todos: no a los recortes hospitalarios mediante el proceso de fusión hospitalaria. El triunfo de la reivindicación demuestra que es posible cambiar las cosas y frenar los recortes con la movilización de usuari@s y profesionales unid@s; lo más importante no es que hayan cesado gestores que encabezaban los recortes, que serán sustituidos por otros que aplicarán políticas parecidas, sino que se ha conseguido tumbar una ley que avanzaba en los recortes en detrimento de la asistencia.
Esa es una tarea pendiente de la Marea Blanca en el resto de provincias. No basta con una reivindicación difusa “contra los recortes” o “en defensa de la sanidad pública”, en la que cabe todo y en la que es posible ver a políticos cínicos que están “por la mejora de la gestión” cuando privatizan o cierran las puertas de la sanidad a los emigrantes. Es imprescindible dejar claro qué sanidad pública defendemos y concretar una tabla de reivindicaciones en su defensa. Entre ellas pueden estar:
- Derogación de la Ley 15/1997, de 25 de abril, sobre habilitación de nuevas formas de gestión del Sistema Nacional de Salud.
- Atención sanitaria completa para tod@s. L@s inmigrantes deben tener pleno derecho a la misma, cualquiera que sea su situación legal en el Estado español.
- Recuperación de las plantillas de antes de los recortes reponiendo las plazas amortizadas. Estas deben ser cubiertas con oposiciones y no con contratos eventuales como está ocurriendo en la actualidad. El objetivo debe ser llegar a lo recomendado por la OMS para la tasa de profesionales y en ningún caso debe ser inferior al de otras comunidades autónomas, pues Andalucía se encuentra a la cola en número de efectivos médicos y enfermeros por cada 100.000 habitantes.
- Apertura total de los hospitales cerrados o infrautilizados con especial dedicación a la actividad quirúrgica y a la geriatría.
- Reapertura de los Centros de Salud cerrados mediante “fusión” con otros, fusiones que en la práctica han significado una reducción del número de profesionales y una masificación aún mayor de las consultas de primaria.
- Reapertura de servicios de urgencia, cuyo cierre está saturando aún más las urgencias hospitalarias. Dimensionamiento adecuado de éstas para acabar de una vez con las deficientes condiciones asistenciales. El uso adecuado de las urgencias hospitalarias se consigue trabajando en Educación Sanitaria y atendiendo adecuadamente en la primaria, no culpabilizando a l@s pacientes.
- Dimensionamiento adecuado de las asistencias psicológica, psiquiátrica y geriátrica
- Trasparencia de los objetivos de productividad de l@s profesionales, revisando aquellos que priorizan lo económico sobre lo asistencial, como los límites de citas a los especialistas. El incentivo económico de productividad se está utilizando cada vez más para convertir a l@s profesionales en gestores de los recortes. Lo que inicialmente era una racionalización del gasto y una buena administración de los recursos se ha convertido en una forma de presión que condiciona el libre ejercicio y contribuye a restricciones en el uso de los recursos.
- Transparencia en las listas de espera, cesando su manipulación, registrando a l@s pacientes desde el primer momento en que son indicadas las intervenciones. Cumplimiento de los plazos previstos y establecimiento de estos plazos en los procesos que no los tienen definidos.
- Revisión del modelo de las Unidades de Gestión Clínicas, que obliga a los profesionales a ser gestores económicos.
- Revisión y cese de la gestión privada de lo público mediante empresas públicas, que sirven para eliminar derechos de l@s profesionales, facilitar el acceso a las plazas sin garantías de igualdad y evitar controles administrativos legales.
- Supresión del copago de medicamentos.
- Adecuación de los recursos para evitar el desvío asistencial sistemático a la privada.
- Revisión y cesión de la gestión a empresas privadas de los hospitales públicos.
- Participación real de l@s usuari@s en los organismos sanitarios.
- Participación de l@s profesionales en la gestión de los centros.
Estas demandas deberían concretarse en números y lugares de actuación que impliquen directamente a l@s afectad@s como en el caso de Granada.
Ya en 2014 las movilizaciones de la Marea Blanca en Madrid consiguieron paralizar la privatización de seis hospitales y la dimisión del entonces consejero de Sanidad. Ahora el triunfo de la Marea Blanca contra la fusión de hospitales en Granada va a ser solo el primero en una larga lucha por la recuperación de una Sanidad Pública de calidad para tod@s. Nuestra salud no es su negocio.
Jesús A. Castillo

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