jueves, 4 de agosto de 2016

Primeras, segundas… terceras elecciones

No les dejemos encontrar su “estabilidad”

Las elecciones generales del pasado 26 de junio cerraron el ciclo electoral que comenzara en 2014 con las elecciones al Parlamento Europeo. El resultado de este ciclo electoral es que el bipartidismo está más débil que nunca antes desde los años setenta cuando, a través de una Transición sin justicia social, se instauró el Régimen del 78. Un régimen de democracia burguesa corrupta que se empeña en conducirnos a una nueva transición para, de nuevo, “cambiarlo todo, sin que nada cambie”.
Desde las elecciones, Rajoy y el Partido Popular (PP) vienen celebrando los resultados, pero su fiesta puede durar muy poco. Los resultados no les solucionan el problema de gobernabilidad: siguen en minoría (solo 3 de cada 10 electores votó PP) e incapaces de imponer su hegemonía neoliberal y conservadora. El PP obtuvo unos 700 mil votos más que en diciembre de 2015, la mayoría (unos 400 mil) provenientes de Ciudadanos (Cs; 32 diputados – 13% votos); una vez que la gente se ha dado cuenta de que Cs no es más que una muleta para la “casta” del PPSOE. Además, el PP ganó unos 100 mil votos más del hundimiento final de UPyD, escenificando el reagrupamiento del voto conservador frente al “peligro” de Unidos Podemos (UP). Sin embargo, el PP perdió desde las elecciones generales de 2011 (186 diputados - 45% votos) 3,6 millones de votos en diciembre de 2015 (123 diputados - 29% votos), recuperándose muy levemente en 2016 (137 diputados - 33% votos). Las cifras hablan claramente de la crisis en la que está la derecha española. Al mismo tiempo, la derecha nacionalista (Convergència Democrática de Catalunya, Coalición Canaria, Partido Nacionalista Vasco) perdió más de 100 mil votos, y los fascistas de Vox cayeron aún más en relación a los insignificantes resultados de diciembre de 2015.
Por otro lado, el PSOE, el otro partido pilar del Régimen del 78, mantuvo la segunda posición tras el PP con, de nuevo, el peor resultado de su historia (85 escaños – 23% votos – menos de 5,5 millones de votos), perdiendo más de 100 mil votos respecto a la debacle de diciembre de 2015.
Seguimos viviendo la caída del bipartidismo. En 2008, el PPSOE tenía 22,5 millones de votos y en junio pasado tuvieron 13,3 millones. Han perdido más que 9 millones de votos en ocho años y, muy posiblemente, no han tocado suelo (a pesar de la recuperación mínima del PP).
Sin embargo, la gente de izquierdas se sintió triste y defraudada tras las últimas elecciones, ya que esperaban (a hombros de las encuestas) el sorpasso de UP al PSOE e, incluso, acercarse tanto al PP como para ganar las elecciones. El enfado y la decepción son lógicos y deberían dar paso a un análisis profundo y a una petición de responsabilidades a la dirección de UP. Unidos Podemos perdió más de 1,1 millones de votos desde las elecciones de diciembre, y esto con los partidos del bipartidismo inmersos en grandes dificultades debido a la corrupción y los recortes que han venido impulsando, especialmente, desde que comenzara la crisis económica en 2008. Casi 1 de cada 5 votantes que en diciembre votó a Podemos, IU y sus confluencias, no lo hizo en junio. Este análisis deja claro que el resultado de la segunda vuelta de las elecciones generales no es un triunfo de la derecha, sino un fracaso de la izquierda reformista al no saber aprovechar la “ventana de oportunidad”.


 La solución a la crisis de Rajoy, Sánchez y Rivera no es convertir Podemos en otro PSOE como propone su dirección.

Durante la campaña electoral, mientras la derecha intentaba reorganizarse, amenazando del peligro de la izquierda radical y del comunismo, la dirección de UP (con Errejón a la cabeza como director de campaña) optó por seguir girando a la derecha en su programa y tenderle la mano al PSOE para gobernar juntos. De repente, el PSOE pasó de ser “casta” a ser aliado indispensable para “un gobierno de cambio”. Guiada por una estrategia populista (empeñada en ocultar ideología y girar a la derecha) y mediante un pacto de despachos (entre la antigua burocracia del Partido Comunista de España y la nueva burocracia de Podemos), la dirección de UP se vistió con la bandera española y la piel de cordero sin rebatir los ataques respecto al supuesto modelo de Venezuela y los recortes del gobierno de Tsipras en Grecia. La dirección de UP pensaba que, presentándose como una fuerza de prudencia y responsabilidad, iba a convertir la rabia de la gente en votos. Intentó evitar los debates difíciles, pensando que iba a perder votantes. Al final pasó lo contrario. El ejemplo más destacado es el del gobierno de Syriza en Grecia. Iñigo Errejón, en el debate a siete, dijo que si alguien quería hablar de Grecia que fuera a una agencia de viajes. Pero el fracaso del gobierno de izquierdas en Grecia preocupa a la gente, no son trucos del PP. Y por eso no deben evitarse temas como éste. Luis de Guindos, el Ministro de Economía del PP, dijo que la Unión Europea (UE) ha domesticado al gallito de Syriza, y lo ha convertido en un gatito. La pregunta sobre por qué un posible gobierno de UP y PSOE no iba a convertirse también en un gatito neoliberal debía ser contestada y, sin embargo, la dirección de UP se limitaba a decir que el Estado español es demasiado grande comparado con Grecia y tendrá más fuerza en la UE. Estamos ya en los días del Brexit: todo es posible dentro de una crisis sistémica como la actual. La izquierda, y Podemos lo es (aunque no le guste a parte de su dirección), tiene que posicionarse con claridad. Podemos perdió la tan deseada “transversalidad” populista muy pronto, cuando surgió con fuerza Cs de mano de la clase dirigente como una operación populista desde la derecha. Frente a los chantajes de la UE tenemos una estrategia clara: nacionalización de la banca, impago de la deuda, ruptura con la zona del euro, meter mano a los beneficios de las grandes empresas, nacionalización de los sectores claves de la economía, prohibición de despidos en empresas con beneficios... Pero claro, todo esto no se sostiene con una alianza con el PSOE.
Podemos es un partido que nació y se debe aún a las movilizaciones del 15M, de la PAH, de los sindicatos combativos, de las Mareas, etc. Movilizaciones que gritaban “PSOE, PP, la misma mierda es” o “Sí hay dinero, se lo dan a los banqueros”. Podemos consiguió sus grandes saltos electorales cuando se veía como una alternativa clara al bipartidismo de siempre. No es que la gente “no entendió el mensaje” (ésta es una de las excusas típicas del reformismo), es que el mensaje de la dirección de UP no representó las aspiraciones de mucha gente de izquierdas.
Podemos no puede desvincularse de las movilizaciones sociales que impulsaron su desarrollo. Se alimenta de ellas y debería impulsarlas con todas sus fuerzas.

Encierro del SAT en la Universidad de Sevilla a finales de junio.
 
Cuando la gente se moviliza, o conoce a gente cercana que lo hace, pierde el miedo y gana confianza en las ideas progresistas. Esto se refleja en muchos aspectos sociales: desde conseguir reformas que mejoran nuestra calidad de vida a los resultados electorales. La caída en las movilizaciones durante el ciclo electoral, de la que, en parte, es responsable la dirección de UP (que debería haberlas potenciado todo lo posible en la medida de sus posibilidades), explica gran parte de la decepción tras las elecciones.
Tanto el gobierno de Syriza y sus brutales recortes en Grecia, como los resultados electorales de Podemos, apuntan a las contradicciones y los límites de la estrategia reformista para mejorar nuestra sociedad en pro de la gente trabajadora y las clases populares. El reformismo tiene poca capacidad de transformación social en un sistema capitalista maduro y en crisis.
Tras la formación de gobierno vendrán más recortes y privatizaciones. El nuevo gobierno continuará cargando la crisis sobre las espaldas de la gente trabajadora, animado por la UE y su política de control artificial del déficit público. La UE y la OTAN seguirán imponiendo austeridad, el TTIP, guerras, xenofobia, islamofobia y racismo para los y las de abajo, mientras que favorecen a los grandes capitalistas a quienes representan realmente.
Pero el nuevo gobierno, y sus aliados internacionales, no tendrán nada fácil el desarrollo de su agenda neoliberal. La situación económica internacional sigue siendo muy volátil, de crisis en las potencias emergentes y de crecimiento insuficiente en los países enriquecidos. Los factores que conllevaron la explosión de la crisis en 2008 siguen presentes en un sistema capitalista que sufre de sobreproducción y burbujas especulativas. Nadie discute que pronto llegará una nueva recesión, la cuestión es cuándo.
El plano electoral es un espacio de lucha para mejorar nuestra sociedad, pero no el más importante. Como nos muestra la historia, casi todos los derechos y libertades que disfrutamos los hemos conseguido luchando en los centros de trabajo y las calles. En los últimos años, hemos aprendido que si la gente trabajadora no hacemos política, unos pocos nos la hacen.



Antes del 15M, durante y después de él, hemos venido tejiendo redes de movimientos sociales y activistas por la justicia social que están muy vivas. Un ejemplo claro son las Marchas de la Dignidad, que ya llama a la movilización el próximo 22 de octubre. No esperemos a las próximas elecciones, con todas sus limitaciones, apoyémonos en la coordinación de las luchas en los centros de trabajo y en las calles para mediante una movilización masiva y democrática echar al nuevo gobierno del PP y construir el poder popular que será la base de un mañana más justo.
Jesús M. Castillo

domingo, 24 de julio de 2016

COMUNICADO DE ANTARSYA EN EL ANIVERSARIO DEL REFERÉNDUM DE TSIPRAS EL 5J



El ÓXI del pueblo sigue aquí y vencerá

Se cumple un año de referéndum del 5 de julio, un momento culminante de la lucha de clases en Grecia que se selló con la victoria aplastante del 61,3% a favor del ÓXI, contra del acuerdo con la troika. Ni la feroz campaña terrorista de todos los poderes dominantes de la UE y de los partidos políticos burgueses de Nueva Democracia, PASOK, El Río, etc., ni las amenazas con el Grexit, ni la patronal que amenazaba con despidos, los banqueros que cerraban los bancos, los papagayos de los medios de comunicación que sembraban el miedo, ni la subversión del gobierno, lograron asustar y hacer retroceder la voluntad de la gente.

El estremecedor ÓXI de la clase trabajadora, de la juventud y del pueblo abrió una profunda brecha de clase, dejó enmudecidos a nuestros enemigos y falsos amigos y se convirtió en una fuente de inspiración y solidaridad en todo el planeta. Colocó en el centro de la disputa política una amplia exigencia popular para otro programa con el eje en los derechos y necesidades obreras y populares.

Nada ha acabado. El ÓXI de la clase trabajadora permanece

El gobierno Syriza-ANEL convirtió aquel ÓXI popular en un vergonzoso SÍ a todo, con una humillante voltereta hacia atrás de dimensiones históricas. Contra la voluntad de una abrumadora mayoría lo firmó y voto a favor con todo el bloque de los memorándums un tercero, incluso todavía peor que los dos anteriores: liquidación de la Seguridad Social y las pensiones, intensificación de recortes e impuestos, una nueva ronda de privatizaciones, etc., a lo que se añade el acuerdo contra los refugiados de la UE-Turquía, del que fue precursor. Hoy constituye la opción preferente de los prestamistas y el capital para el avance en esta política salvaje. ¡Y lo peor está por venir!

Frente a esta “segunda evaluación” de la troika tras la aprobación de la reforma de las pensiones sigue un terrorífico paquete de medidas de reformas laborales análogas a la ley que ha sacado a las calles a las y los trabajador@s franceses. Despidos sectoriales, abolición de los derechos de huelga, más beneficios fiscales para los empresarios, derogación del 13º y 14º salario también en el sector público y otras medidas similares están en el orden del día, teniendo como objetivo la completa liquidación del movimiento obrero con un golpe también al derecho a la lucha.

Con la revisión constitucional el gobierno de Tsipras persigue un blindaje reaccionario mayor del sistema: ¡convertir los memorándums en orden constitucional! Con esto los altos mandos del gobierno no sólo intentan convencer de que no hay alternativa más allá de la aplicación “ordenada” de los memorándums, sino también presentan la “exitosa historia” de la izquierda pragmática que cree en el “desarrollo justo” de la economía. Intentan embellecer la barbarie social que producen los memorándums y proyectan la “visión” de un nuevo desarrollo capitalista equitativo basado en salarios de 300 euros, empleos flexibles generalizados, la eliminación de los bienes sociales, el autoritarismo y la selva laboral.

Los protagonistas de la batalla del ÓXI, la única fuerza que puede hacer que los viejos y nuevos memorándums del gobierno, el capital, la UE y el FMI se queden en el papel, están todavía aquí. Contra la complacencia, contra el derrotismo, nada ha acabado, la lucha sigue en pie. Desde la sanidad y la educación hasta los puertos y transportes, desde las movilizaciones al lado de los refugiados hasta la lucha contra los fascistas de Amanecer Dorado, desde los agricultores hasta la juventud que no quiere ser conejillo de indias de la miseria. Todas las resistencias señalan que un nuevo ciclo de movilización, incluso de mayor enfrentamiento, puede lograr poner el sello de las clases populares y trabajadoras al desarrollo de los acontecimientos.

De forma unitaria en el camino de la ruptura y el derrocamiento

Hace un año las clases dominantes en Europa y Grecia amenazaban con el Grexit. Hoy su crisis, todavía irresuelta, se extiende por todo el continente de forma paralelamente a la rabia de las y los trabajador@s y la juventud. El movimiento obrero y juvenil en Francia, el referéndum en Gran Bretaña, la crisis en la conformación de gobierno en el estado español muestran que el descontento popular y la resistencia tocan el corazón de la UE y de los grandes estados capitalistas.

Para que la prevalezca la dinámica de l@s de abajo y no la frustración, para que se haga justicia con ese ÓXI, para continuar nuestras luchas hasta la victoria, necesitamos superar las falsas ilusiones que cultivó Syriza. La continuidad en el funcionamiento del estado y la búsqueda de una gestión alternativa en los marcos del capitalismo se ha demostrado no sólo un camino sin salida sino la incorporación, legitimación e impulso del ataque antipopular. No existe a la vez política buena para los prestamistas y para el pueblo, para el capital y para las y los trabajador@s al mismo tiempo.

No existen posibilidades de “renegociación” y de “reforma” dentro de la UE, sólo la ruptura y la desvinculación de los memorándums, del racismo y de las intervenciones imperialistas pueden abrir vías para otra política. No bastan los frentes antimemorándum poco profundos, es necesario conectar con la lucha para abolir los memorándums con el objetivo de revertir los ataques del capitalismo y poner las bases de una sociedad socialista. El “gobierno de izquierda” ha tratado de derribar este ataque dentro de los marcos del sistema y de la UE de la troika, lo que se ha demostrado ilusorio.

Lo que se necesita es un movimiento que no dude en llevar el conflicto social con la clase dominante hasta el final, hasta su derribo, hasta alcanzar el poder y lograr el gobierno de las y los trabajador@s, basado en el poder de la clase obrera, la juventud y el pueblo.

Al mismo tiempo necesitamos otra izquierda que lidere todas las batallas. Por la intensificación y coordinación de las luchas desde abajo, contra la burocracia sindical, por la construcción de un frente amplio de lucha con el objetivo de derribar todas las medidas de los memorándums viejos y nuevos, del gobierno de Syriza-ANEL y los anteriores de Nueva Democracia y PASOK. Necesitamos fortalecer el polo de la izquierda anticapitalista, la participación unitaria en todas las líneas sociales y políticas combativas que caminen y abran vías que tengan como brújula los intereses obreros y populares.

ANTARSYA jugó el papel de vanguardia, unitario y propulsor en la batalla del referéndum hace un año. Contra las retractaciones de la dirección de Syriza y al abstención de la dirección del KKE, las fuerzas políticas que conforman ANTARSYA en los centros de trabajo y en los barrios llevaron a cabo iniciativas para una acción común con toda la gente de izquierdas a favor del ÓXI, elevando el porcentaje en los barrios obreros de Atenas B y de las grandes ciudades hasta el 82%.

Ayudó a la victoria de un triple ÓXI: en contra del acuerdo, de la UE y la política del gobierno y llevó a cabo una campaña proyectando las demandas anticapitalistas de cancelación de la deuda, nacionalización de los bancos, ruptura con el euro y la UE y el control obrero. Mostró en la práctica el papel crucial que puede desempeñar la izquierda anticapitalista y por eso se ganó al estima de miles de activistas y militantes que dieron la batalla por el ÓXI.

Un año después ANTARSYA se dirige a cada trabajador y trabajadora, a cada compañer@ de la izquierda que lucha contra las medidas y el gobierno en caída libre de Syriza. Junto a los nuevos combates y en el largo debate de la construcción de una izquierda que no se quede a mitad de camino.

En el aniversario del referéndum estaremos de nuevo en Syntagma para demostrar que la fuerza de las y los trabaador@s no se ha detenido. Mientras Tsipras se adhiere a los Hollande-Valls, nosotr@s estamos junto a las y los herman@s de Francia por un mundo sin explotación ni opresión. ¡Todos y todas a las calles, a la primera línea e un fuerte movimiento de resistencia y derrocamiento! ¡Que el pueblo tome en sus manos el mundo que le pertenece!

miércoles, 20 de julio de 2016

Comunicado de solidaridad con la movilización de la clase trabajadora y de la juventud francesa contra la ley El Khomri



Hace ya más de tres meses que la clase trabajadora y la juventud francesa lleva luchando contra la nueva reforma laboral impuesta por el gobierno “socialista” de François Hollande. Su lucha está siendo ejemplar. Varias jornadas de huelga y manifestaciones estatales están mostrando la determinación de los y las trabajadores. Pero más allá de eso, son las huelgas “reconducibles” de algunos sectores importantes de la economía las que están poniendo contra las cuerdas a dicho gobierno.

La clase trabajadora francesa está mostrando el camino a seguir para luchar contra las políticas de ajustes impuestas por la Troika. La huelga sigue siendo una herramienta central para cambiar nuestras vidas. El poder que tenemos los que producimos las riquezas es inmenso a partir del momento en que tomamos consciencia del mismo. Si producimos las riquezas tenemos el poder de bloquear la sociedad y de ese modo presionar, en un primer momento, a los gobiernos de turno a que den marchás atrás con sus políticas antisociales, pero también, significa que tenemos el poder de hacer funcionar la sociedad en base a nuestros intereses de clase. Quien alguna vez dijo que la clase trabajadora estaba muerta, estará comprobando que no es así.

Si la clase trabajadora y la juventud francesa consiguen una victoria echando para atrás la ley El Khomri, estaremos en mejor disposición para hacer frente a las políticas de recortes que están por venir aquí gobierne quien gobierne después de la elecciones generales del 26J.

Su victoria es por tanto nuestra victoria. El movimiento parece que no va a desaparecer con el verano sino que seguirá presente durante el mes de julio y en septiembre. Por todo ello, desde las Marchas de la Dignidad queremos mostrar públicamente nuestra solidaridad con la lucha de l@s compañer@s franceses.

Andalucía, julio de 2016

Coordinadora Andaluza de las Marchas de la Dignidad

sábado, 18 de junio de 2016

Lecciones “francesas”


Encaminándonos hacia las elecciones del 26 de junio, para prepararnos para lo que tenemos por delante, tenemos que mirar un poco fuera de nuestras fronteras, a Francia. El gobierno de Hollande fue elegido en 2012 con la consigna de imponer más impuestos a los ricos, en favor de las trabajadoras. Había quienes pensaban que Francia iba a crear un contrapeso de izquierdas a lo que se considera como el eje de la política europea de austeridad, Alemania. Las direcciones de los sindicatos franceses, con CGT (el sindicato más grande en Francia) en primera línea, se habían creído y aceptado las promesas de Hollande antes de las elecciones. Habían parado las luchas e intentaban conservar la paz social. Pero, bastante rápido, las cosas cambiaron. Bajo la presión de los capitalistas y de la UE, los grandes planes de políticas sociales quedaron a un lado. El gobierno de Hollande empezó a utilizar el racismo y la islamofobia para salvar el pellejo. Y fue esta política la que fomentó la subida de Le Pen. Hollande cambió a su primer ministro y, junto con Valls, empezó a atacar a la clase trabajadora. La ley El Khomry, la reforma laboral más reciente, es la peor etapa de todo este recorrido.

Y vino la resistencia. A todos los niveles. Contra los fascistas y contra el gobierno. Contra los prejuicios de los que dicen que la resistencia a un gobierno de centro-izquierdas puede ayudar solo a la derecha o, aún peor, a la extrema derecha, en este momento es la clase trabajadora, con la izquierda más combativa, la que dirige la lucha.

Una descripción de los últimos días dice: “Mientras siguen las huelgas en las refinerías, en las centrales nucleares y en Air France, se incorporan a las luchas más sectores, como los trabajadores de las cuatro sucursales de la multinacional Amazon. La huelga empezó en las tres sucursales un día antes de la huelga general del 26 de mayo y se extendió a la cuarta. Los huelguistas erigieron barricadas hechas con palés por fuera de los almacenes y pararon la distribución de los pedidos. Mientras tanto, los trabajadores y trabajadoras precarias de la Biblioteca Nacional de la Universidad en Saint Denis, después de un mes de ocupaciones, han conseguido que la dirección negocie sus condiciones laborales. La lucha sigue y en la última movilización, el pasado 4 de junio, ocuparon los cajeros y la entrada en la biblioteca era gratis todo el día.”

Tenemos que sacar conclusiones. La crisis es tan profunda que no deja espacio para esperanzas de gobiernos no dispuestos a enfrentarse con el sistema, de llevar a cabo cualquier cambio progresista. Por ello, es absurdo que Podemos e Izquierda Unida nos quieran convencer de lo contrario, proponiendo una alianza gubernamental con el PSOE, partido hermano del Partido Socialista Francés y de Hollande. La economía española está en una situación aún peor que la de Francia. Las presiones para más ajustes, austeridad y reformas laborales aún más salvajes serán más fuertes aquí, sea cual sea el gobierno que se forme después del 26 de junio.

Si necesitamos ejemplos, basta mirar a los y las trabajadoras francesas. Más huelgas, más piquetes, más ocupaciones y organización militante desde abajo. Esta es la vía para asegurar que no seamos nosotros y nosotras las que paguemos la continuación de esta crisis.

40 años de la revuelta en Soweto


Soweto es un enorme asentamiento de chabolas al suroeste de Johannesburgo en Sudáfrica, con una superficie actual de alrededor de 200 kilómetros cuadrados y 1,2 millones de habitantes. Se construyó gradualmente por las políticas racistas del estado sudafricano que prohibía a la población negra que viviera en regiones de exclusión. Para ir al trabajo a Johannesburgo, a casi 20 kilómetros, necesitaban “pasaportes internos” especiales.

Hasta su nombre es una herencia del apartheid del régimen de discriminaciones raciales. Proviene de las sílabas iniciales de las palabras South Western Townships (Barrios del Suroeste) y se estableció oficialmente en 1963. A principios de los años 70, un 86% de los hogares no tenía corriente y un 96% no tenía aseos. El desempleo alcanzaba al 54%.

En junio de 1976 Soweto estalló. La ocasión la ofreció la decisión del estado racista de imponer la enseñanza del afrikáans, el idioma de los colonos blancos (de origen holandés) en los colegios de los negros. La mayoría de los maestros y maestras blancas, en todos los casos, no sabían este idioma. Pero esto tenía poca importancia, ya que la decisión no tenía mucho que ver con la enseñanza.

El régimen racista del apartheid no tenía mucho interés por estas cosas. Como había dicho el ex-primer ministro Verwoerd: “entre la comunidad blanca no hay espacio para trabajo de negros por encima de un cierto nivel. ¿Cuál sería la razón de enseñar matemáticas a un niño Bantú [africano] si nunca lo va a necesitar? El objetivo de esta decisión era “instaurar la disciplina” a los “indígenas indisciplinados”.

La ley de la enseñanza del afrikáans se había publicado en 1975. En abril de 1976, los y las alumnas de Soweto empezaron un paro permanente de sus clases. En 13 de junio establecieron la Coordinadora de este paro, el “Consejo Representativo de Alumnos de Soweto”. El 16 de junio salieron a la calle para manifestarse contra esta decisión escandalosa. 

Alrededor de 20 mil alumnxs se encontraron delante de la fuertemente armada policía que abrió fuego, sin ninguna advertencia, con balas reales. La primera víctima, Hector Pieterson se convirtió en símbolo de la revuelta. En suma, aquel día la policía asesinó 21 niños y niñas.

Sin embargo, la juventud de Soweto no se rindió. Los manifestantes respondieron con piedras, botellas, cócteles molotov, incluso mochilas escolares se lanzaban contra los asesinos. Los enfrentamientos siguieron toda la noche. Y el día siguiente 1500 policías armados con metralletas y acompañados por vehículos blindados y helicópteros se encargaron de restaurar el “orden”. El ejército se movilizó para el caso de que fuera necesaria  su intervención.

La cifra total de los asesinados todavía sigue sin confirmar. Hay consenso que hubo por lo menos 176 muertos y muertas. Los heridos por balas alcanzaron los mil.

La matanza hizo estallar una ola de revueltas que se extendió a todos los asentamientos de negros y duró más de un año. El liderazgo de estas revueltas tanto en Soweto como en Ciudad del Cabo fue de la juventud negra. Organizaciones de la misma convocaron y organizaron dos grandes huelgas de solidaridad en agosto y en septiembre. Manifestaciones, boicot y enfrentamientos con la policía eran el día a día.

En Ciudad del Cabo, un papel importante lo tuvo la llamada juventud “de color”, o sea de origen mixto. En la asquerosa jerarquía del apartheid esa gente se posicionaban un poco más alto que los negros y los indios. Aun así, ellos también necesitaban pasaportes internos para trasladarse y trabajar, y eran también víctimas de un montón de medidas humillantes.

Otro objetivo del movimiento fueron los colaboradores del apartheid, negros adinerados con cargos en las instituciones locales y los “parlamentos” que tenían como su única función imponer las prohibiciones del régimen. En junio de 1977, por ejemplo, el movimiento de la juventud derrumbó el consejo nombrado a dedo que gobernaba Soweto.

Sin embargo, el régimen movilizó todo su arsenal de represión.En un año los asesinados habían alcanzado los 700 y el movimiento entró en una fase de retirada. Una de las víctimas más conocidas de esta represión fue Steve Biko, uno de los líderes del movimiento de “Consciencia Negra” cuyas organizaciones habían jugado un papel central en la lucha de Soweto.

Las condiciones en Soweto eran miserables. Pero la revuelta no fue producto de la desesperación. Fue fruto de la autoconfianza que había empezado a crecer en los primeros años de los 70. El 21 de marzo en 1960 la policía había asesinado 69 manifestantes en otro asentamiento, Sharpeville. Estaban protestando por la extensión de las racistas “leyes de traslado” a las mujeres. La matanza conmovió la opinión pública a nivel internacional. Pero, al mismo tiempo, la represión machacó al movimiento negro durante más de una década. La matanza de Soweto tuvo el resultado opuesto.

Una de las fuentes de esta autoconfianza provenía de los acontecimientos en la región a nivel más amplio. En 1976 el ejército sudafricano invadió a Angola, el país vecino. Angola había sido una colonia portuguesa, cuyo movimiento de liberación había contribuido al estallido de la Revolución de los Claveles en Portugal en 1974. Dos años más tarde, el MPLA (Movimiento Popular de Liberación de Angola), el movimiento principal del país, estaba a punto de vencer. Y el régimen racista de Sudáfrica no quería este tipo de ejemplos fastidiosos en su “patio”.

Pero la invasión (que iba a continuar hasta el 1980) no fue bien. Los negros de Sudáfrica podían ver en las (poquísimas) televisiones que tenían acceso, oficiales “superiores” blancos  cautivos de milicianos negros. Acontecimientos similares se estaban desarrollando en Mozambique, otra ex-colonia portuguesa con fronteras con Sudáfrica.

La segunda fuente de la autoconfianza era el auge del movimiento de la clase trabajadora negra. El capitalismo sudafricano se había basado desde su nacimiento en el racismo. Pero, como había vivido su propio “milagro económico” en las décadas después de la segunda guerra mundial, estaba creando a su propio enterrador, la clase trabajadora negra. La propia imposición del “apartheid” en 1948 tenía como objetivo imponer la disciplina a esta clase que había mostrado su combatividad después de la Guerra.

En enero de 1973 una ola de huelgas progresó en Durban, con la segunda periferia industrial más grande del país, después de Johannesburg. En aquel mes, casi 100 mil obreros negros en varias fábricas y empresas se pusieron en huelga. La reivindicación central era el aumento del sueldo, ya que  a los salarios de hambre que cobraban se unia la pérdida por la inflación. La ola huelguista llegó hasta Johannesburg y otras regiones.

En total, en 1973, se llevaron a cabo 246 huelgas en varios sectores. En septiembre de aquel año, la policía abrió fuego contra los mineros que estaban en huelga en la mina de oro Western Deep Levels Mine (al oeste de Johannesburg). Estaban en huelga contra los salarios de hambre y recibieron balas: el resultado fue 12 muertos y 38 heridos.

El sindicalismo estaba prohibido para los obreros negros en Sudáfrica. Las huelgas de 1973 rompieron estas reglas. Por supuesto, los sindicatos de obreros negros no se legalizaron inmediatamente, pero la patronal empezó a negociar con ellos. Antiguamente los empresarios podían echar a los migrantes negros obreros no especializados. Esto en los años setenta no era fácil porque ya los obreros estaban trabajando en el corazón del capitalismo. Y la clase obrera empezó a tener victorias pequeñas pero importantes.

Por eso, a pesar de toda la represión, el movimiento no se apagó después de Soweto. En los años siguientes la clase trabajadora negra iba a crear organizaciones masivas cuyas luchas iban a desarraigar al régimen racista. En 1984-1986 los asentamientos de chabolas iban a estallar otra vez, bajo la iniciativa del Congreso Nacional Africano (CNA) que había ganado la hegemonía en el movimiento. El fin del apartheid estaba más cerca.

Leandros Bólaris

sábado, 11 de junio de 2016

Por un voto crítico y anticapitalista a Unidos Podemos



La repetición de las elecciones generales el 26 de Junio es un claro fracaso de la clase dirigente. En un momento en el que necesitan seguir exprimiendo a la gente trabajadora con la excusa de la austeridad y los arbitrarios límites de déficit público, no han sido capaces de impulsar un gobierno a su medida. A pesar de lanzar, con relativo éxito, la operación populista de derechas de Ciudadanos con el objetivo de frenar a Podemos. Desde el Colectivo Acción Anticapitalista (CAA) celebramos este fracaso. 
 

Los resultados de las últimas elecciones generales del 20 de Diciembre de 2015 mostraron un claro giro a la izquierda, reflejada especialmente en la fuerte irrupción de Podemos, siguiendo la senda de varias elecciones autonómicas y municipales. Sin embargo, este giro hacia posiciones de izquierda reformista no es suficiente para responder a las necesidades de las clases populares y trabajadoras en un escenario de un capitalismo en crisis tremendamente agresivo, lo que se refleja desde las guerras imperialistas en Oriente Medio a la austeridad de la Unión Europea, pasando por el maltrato y la condena a muerte de migrantes en el Mediterráneo. 
 

Los gobiernos reformistas de izquierda en Francia y Grecia nos muestran claramente los límites del reformismo. En Francia, el Partido Socialista Francés acaba de aprobar por decreto una reforma laboral que ataca frontalmente a los derechos de la gente trabajadora para enriquecer a los de arriba y, en Grecia, el gobierno de Syriza despliega la austeridad más atroz al tiempo que colabora activamente en la represión a las personas refugiadas.


Al mismo tiempo, también Francia y Grecia nos muestran el papel clave de las luchas sociales en las calles y los centros de trabajo contra los ataques y los recortes de libertades de la derecha y las izquierdas reformistas.




En el Estado español, a pesar del discurso de la casta del PPSOE sobre la salida de la crisis, presumiendo de sus cifras macroeconómicas, las clases populares y la gente currante aún seguimos sufriendo su crisis. Sufrimos niveles insultantes de desempleo, precariedad laboral, desahucios, emigración forzada, degradación ambiental, recortes de servicios públicos, etc. Estos efectos de la crisis capitalista son aún más brutales en nuestra tierra, Andalucía, sumida aún en la subalternancia política y económica.




En este contexto internacional, estatal y andaluz, necesitamos una alternativa política claramente revolucionaria que impulse las luchas sociales desde abajo y plantee una salida anticapitalista a la crisis sistémica, empujando en la construcción de poder popular entre la gente trabajadora. Desde CAA venimos participando en No Hay Tiempo Que Perder (NHTQP) con este objetivo.



La dirección estatal de Podemos ha ido girando a la derecha desde sus inicios apoyándose en la herencia del Movimiento 15M. Un vuelco a la derecha desde el supuesto Podemos-movimiento social en su programa, en su práctica política y en su discurso. Una estrategia guiada por el populismo de Iñigo Errejón que queda, una y otra vez, en evidencia cuando pregona la supuesta “transversalidad” de un proyecto que no es “ni de izquierda ni de derechas”, al mismo tiempo que pacta con Izquierda Unida (IU) y se nutre de un electorado claramente de izquierda y de clase trabajadora. El populismo de Podemos, en una huida hacia delante desesperada por votos, intenta contentar a todo el mundo (incluyendo a la clase dirigente) en un panorama en el que la lucha de clases se hace cada vez más evidente. Al mismo tiempo, el sector supuestamente “anticapitalista” de Podemos, con Teresa Rodríguez a la cabeza, prioriza cada vez más la táctica institucional, supeditando el impulso de las luchas sociales a un segundo o tercer plano. Se aleja así cada vez más del anticapitalismo que pregona, cada vez en menor medida y con menos convencimiento.


Este enfoque populista y reformista de la dirección de Podemos le ha llevado a abandonar reivindicaciones claves para que la crisis la acaben pagando quienes la han provocado, como, por ejemplo, una renta básica para tod@s, la recuperación del control público en los sectores estratégicos de la economía, la prohibición de despidos en empresas con beneficios o un referéndum vinculante sobre la salida de España de la OTAN. Tanto ha girado a la derecha, que la dirección de Podemos está ahora deseosa de pactar con la casta del PSOE, un partido hundido hasta sus cimientos en el Régimen corrupto del 78 y al servicio del capitalismo. Ahora Podemos se presenta a las elecciones en coalición con la burocracia de IU y el PCE, especialistas en apuntalar al PSOE y justificar sus recortes, como vimos con el pacto PSOE+IU en Andalucía en la legislatura pasada. Desde sus orígenes, la dirección de Podemos ha venido construyendo un partido que funciona de arriba abajo, con escasas posibilidades de participación democrática desde sus bases más allá de que la secretaría de organización esté ocupada por Sergio Pascual o Pablo Echenique.



Con estas críticas de fondo, desde el CAA pedimos un voto crítico desde el anticapitalismo para la candidatura Unid@s Podemos, de Podemos e Izquierda Unida (IU) de cara a las elecciones general del 26J en Sevilla. En las provincias donde nuestros compañeros y compañeras en NHTQP de IZAR (Izquierda Anticapitalista Revolucionaria) presentan candidatura (como Almería, Granada y Málaga) pedimos el voto para estas candidaturas anticapitalistas.



Defendemos esta opción electoral en este momento porque no existe ninguna alternativa anticapitalista con bases sociales sólidas que se presente a las elecciones en Sevilla y porque Podemos sigue siendo un factor de inestabilidad para la clase dirigente (recordemos que no obtiene su financiación de la banca) al tener unas bases con raíces en numerosos movimientos sociales como las Mareas, las Marchas de la Dignidad, sindicatos alternativos, la Plataforma de Afectad@s por la Hipoteca (PAH), etc. Además, un gobierno de o con Podemos dentro sería vivido como una victoria por mucha gente trabajadora y, debido a sus bases, sería más sensible y frágil frente a las luchas sociales, ya que si no accediese, al menos, a parte de sus reivindicaciones podría perder de forma acelerada su apoyo social, que en gran parte se movilizó y radicalizó con el 15M y, posteriormente, en otros movimientos sociales.




Finalmente, queremos acabar remarcando que en la situación actual de crisis sistémica capitalista, más importante que votar el 26J es organizarse y luchar desde posiciones anticapitalistas, la única manera de construir realmente un futuro digno para nuestro entorno natural y para nosotr@s mism@s.


Colectivo Acción Anticapitalista

jueves, 26 de mayo de 2016

Libia: Están preparando una nueva intervención imperialista


Una nueva intervención imperialista se prepara para Libia en los próximos meses, confirmando definitivamente el fracaso total de la intervención de 2011. En marzo de ese año, durante la revolución que derribó a Gadafi, los países de la OTAN, en coalición con monarquías árabes, empezaron a bombardear a Libia, para “salvar la población civil de las masacres de Gadafi”.

En realidad, querían determinar que el escenario post-revolucionario de Libia no saliera de los límites del orden y de la “seguridad” imperialistas. Cinco años más tarde, ellos mismos reconocen que el caos en Libia es increíble. Obama, en su última entrevista en la revista Atlantic, manifiesta que la intervención en Libia ha sido el peor error de su mandato. Ahora es Italia el país que encabeza una nueva coalición de los “dispuestos” que va a intervenir otra vez, con la esperanza de imponer la “estabilidad” de nuevo.

Los planteamientos mencionan entre cinco y seis mil soldados. Gran Bretaña se declara dispuesta a ofrecer entre 800 y 1300, dependiendo de lo que van a ofrecer los demás: Alemania, Francia y el estado Español. Todavía se desconoce cuál será la participación de regímenes árabes, como Egipto.

Libia a nivel militar está dividida en por lo menos cuatro partes, en el este bajo el ejercito que seguía al gobierno de Tobrouk, en el oeste el control lo tiene la coalición que controlaba el gobierno de Trípoli, en el medio de la costa mediterránea ha extendido su control el “Estado Islámico”, mientras el suroeste está controlado por milicias Touareg. De hecho, esta descripción es simplificada. El ministro inglés de Asuntos Exteriores, respondiendo recientemente a preguntas en el Parlamento británico acerca de los “dos bandos opuestos en Libia” dijo que “ojalá fueran las cosas tan simples y hubieran dos bandos. Hay 120 bandos”. Esta enunciación se hizo un día después de que el ministro regresara de una visita a Trípoli de Libia.

Hasta recientemente Libia tenía dos gobiernos. Después de intentos sistemáticos por parte de los grandes poderes, se puso en marcha un “gobierno unitario” con el que podrían tener discusiones. El resultado fue que en vez de un gobierno sustituyendo a dos, los libios obtuvieron un tercer gobierno al lado de los otros dos. El parlamento de Tobrouk, al que reconocían los grandes poderes, todavía no ha reconocido la autoridad del nuevo gobierno. Este gobierno es el que ahora tiene que hacer una “invitación” formal a la coalición que está organizando Italia para intervenir en el país.

Por ahora, el nuevo presidente impuesto en el país está presionando a los imperialistas para que interrumpan las sanciones y empiecen a suministrar a su ejército. Pero, nadie tiene confianza en nadie. Los ejércitos que se están peleando llegaron la semana pasada al punto de interrumpir la exportación de petróleo, mientras en Trípoli, poco después de la visita de embajadores occidentales que estuvieron ahí para reconocer al nuevo gobierno, estallaron escaramuzas militares.

En el este, ha impuesto su control el general Halifa Haftar, el que se presenta como el azote de los islamistas, pero todos saben que las armas y el apoyo no los debe al parlamento de Tobrouk, sino al dictador de Egipto, Sisi, el que le facilita todo lo que necesita. Una de las metas de la intervención de 2011 era asegurar el flujo normal del petróleo. Esta meta ha fracasado totalmente y hoy hay instalaciones que se han destrozado por el poco uso y la incapacidad de exportar.

Dentro de una situación así, los poderes occidentales pretenden que la intervención que están preparando no es “bélica”, sino es simplemente para entrenar las tropas que necesita el nuevo gobierno. Esta es también la excusa que utiliza Cámeron en Gran Bretaña. Se Niega a presentarse en el parlamento para contestar a los diputados, mientras sus ministros dicen que no es necesaria una votación en el parlamento, porque no se trata de una intervención bélica. La última vez que Cámeron pidió el voto del parlamento para la intervención en Siria, perdió. Las mentiras no tienen mucho éxito. Los diputados conservadores mismos que no tienen ganas de apoyar otra vez una guerra-fiasco dicen que “Libia es un estado fracasado que está en situación de una guerra civil multifacética. Por eso, cualquier despliegue de fuerzas británicas, es por definición un involucramiento en un conflicto militar.”

Dentro de esta semana se organizan en Viena discusiones acerca de cómo apoyar al nuevo gobierno y de los próximos pasos hacia la intervención. Su miedo sobre la situación en Libia se refleja en que la proporción de soldados con misión de seguridad de las propias fuerzas occidentales es más grande que en otras intervenciones, incluso en Irak. Si, como dicen, hay 120 bandos en esta guerra, los soldados que van a pisar en Libia, tienen que protegerse por 120 lados. Obviamente, como en Siria, todos declaran que están luchando contra el Estado Islámico, y piden armas para hacerlo. Dejando al lado sus hipocresías, uno de los “logros” de la intervención de 2011 es que han llegado al punto de tener en Libia el Estado Islámico exportado desde Siria. Según el Pentágono, en el año pasado, el número de los militantes de ISIS aumento de cuatro a seis miles en Libia.

El camino mortal del Mediterráneo


Italia está encabezando la nueva agresión por dos razones. Por un lado, es el antiguo poder colonial que tenía bajo su control a Libia hasta 1943 y la considera como su patio interior, de la misma manera que Francia está en primera línea para bombardear Siria. Por otro lado, porque por Libia pasan miles de refugiadas y migrantes hacia las islas italianas y Europa.

El régimen de Gadafi, sobre todo en los últimos años, se había convertido en el mejor aliado de la Europa fortaleza, asegurando que los migrantes africanos terminarían en cárceles y campos dentro de Libia y no en pateras que llegan a Lampedusa o Sicilia. El derrumbe del régimen abrió las puertas de la migración y los primeros ahogamientos masivos de migrantes se convirtieron en rabia y presión para que se rompieran los acuerdos de Dublín y todos los mecanismos de la Europa fortaleza.

Ahora, con el acuerdo entre UE y Turquía y la escalada de barreras racistas en Grecia y en los Balcanes, la llamada “ruta del mediterráneo central” se hace otra vez muy importante. En 2016, la mayoría de los migrantes y refugiados muertos en el Mediterráneo han perdido su vida entre Libia e Italia (976 víctimas oficialmente hasta el 6 de mayo, añadiéndose a las 376 personas que se han ahogado en el mar Egeo). Cerca de 30 mil han llegado a Italia este año. En su mayoría, hasta ahora, los que intentan pasar por Libia vienen de Nigeria, Gambia, Senegal, Guinea y la Costa de Marfil. Pero las instituciones mismas de la ONU prevén que se va a aumentar la gente de Asia que intenta esta ruta marítima difícil

La intervención que está preparando Italia tiene como meta que la política de Gadafi encuentre otra vez un apoyo. Necesitan un régimen que pueda encarcelar a refugiadas y migrantes en África y hunda las pateras antes de que lleguen a aguas europeas.

Todos los buitres que han masacrado la primavera árabe (europeos y regímenes como él de Sisi) ahora no pueden controlar el caos que ellos mismos han producido, desde Iraq hasta Libia. Siguen con miedo a un nuevo levantamiento de la gente, como es obvio por el nivel de represión que está ejerciendo Sisi en Egipto. El movimiento de solidaridad a los refugiados, y un nuevo movimiento contra la guerra es la garantía que sus planes no van a funcionar.

Nikos Loudos, militante de CAA