lunes, 8 de mayo de 2017

La “justicia” al servicio del gobierno, el estado al servicio del capital

El estado es un instrumento de clase, no neutral, para beneficio de la clase dominante, que en la sociedad capitalista la forman los propietarios del capital, mientras la clase dominada somos las trabajadoras y trabajadores. Su objetivo final es reproducir un sistema que permite a la clase dominante seguir obteniendo beneficios sin demasiados conflictos con la clase dominada.
En las democracias modernas, al mismo tiempo que ese es el objetivo principal, no se pueden ignorar totalmente los intereses de la mayoría de la población, la clase dominada. Para que los conflictos sociales no pongan en peligro la estabilidad del sistema y su reproducción, se debe llevar a cabo lo que se considera una función de legitimación (atender hasta cierto punto los deseos de las clases dominadas).
No obstante, en caso de conflicto entre ambas funciones, el estado se inclina siempre por mantener la función de acumulación del capital a costa de la legitimación.

Es decir, la actuación del estado, que está dirigida a reproducir el sistema capitalista para beneficio de la clase dominante, tiene que tener en cuenta también, hasta cierto límite, especialmente en los sistemas de democracia parlamentaria, los aspectos que afectan a la clase dominada siempre que no se ponga en peligro la reproducción del sistema, pues en ese caso el estado no duda en recurrir a la fuerza armada. Después del fin de la Segunda Guerra Mundial, con sindicatos y partidos de izquierda y socialdemócratas fuertes y movi-mientos de lucha de clase, el escenario geopolítico existente permitió que en la mayor parte de Europa y Norteamérica el papel del estado de reproducir las relaciones sociales capitalistas, principal-mente la circulación y acumulación de capital, se combinara con políti-cas sociales y redistributivas hacia las clases dominadas como no había pasado antes. Fue estableciéndose así lo que se ha venido en llamar el estado del bienestar, mediante el cual la población conquistó derechos sociales en el ámbito de la educación, la salud, las pensiones o la asistencia social, dando lugar a una mejora importante en sus condiciones de vida. Y, lo que es quizá más relevante, estos avances se consideraban derechos colectivos y parte integrante del salario. El capitalismo se vio obligado a reconocer tales derechos y a modificar la distribución de la riqueza social en consonancia.
No obstante, el carácter esencial del estado sigue siendo el de reproducir el sistema para el beneficio de la clase dominante y facilitar la consecución de la explotación capitalista mediante la obtención directa e individualizada de la plusvalía, bajo la forma aparente de la venta y la compra “libres” de la fuerza de trabajo por el capital como una mercancía más en el mercado. Pero, por otro lado, mantener en orden una sociedad explotadora implica también la necesidad de coerción. La represión del estado depende del curso de la lucha de clases, de cómo el capital es capaz de imponer su voluntad o si las resistencias y la lucha permiten formas menos agresivas de estado. Cada vez más, el papel del estado se articula alrededor de mantener el orden, disciplinar a la fuerza de trabajo y diluir y controlar toda resistencia.

La crisis de la década de 1970 posibilitó al capital el cambiar la correlación de fuerzas y emprender una restructuración político-económica de las sociedades capitalistas para intentar acabar con el poder relativo de grupos organizados dentro de las clases dominadas, partidos de izquierda y sindicatos de clase, así como con la voluntad de resistencia de las trabajadoras y trabajadores.
En la crisis actual, con la justificación de la crisis de la deuda y con la colaboración de las instituciones públicas internacionales (FMI, BM, OCDE y, sobre todo, la UE), se sigue forzando la subordinación del mundo del trabajo y las clases populares mediante agresivas políticas económicas y leyes que deterioran su nivel de vida y sus condiciones laborales. En este contexto de crisis, que está pagando la clase trabajadora con el aumento de la explotación, los capitalistas intentan contrarrestar la lucha obrera mediante su control de la comunicación, la colaboración de las burocracias sindicales, la división de los trabajadores y la represión.
En el estado español, esta re-presión está adquiriendo especial virulencia, pues la situación de una gran parte de las trabajadoras y trabajadores es desesperada porque el elevado desempleo, la precariedad y los bajos salarios, junto con la supresión de subsidios y la pérdida de servicios públicos, han aumentado la pobreza y el descontento social.
Controlados los sindicatos mayoritarios, convertidos en cogestores de la crisis, un objetivo fundamental de esta represión son los sindicalistas combativos, como Bódalo, y el recorte de los derechos laborales. La reciente sentencia del Tribunal Supremo, que avala la subcontratación con otras empresas para sustituir a trabajadores en huelga, es un ataque frontal contra la clase trabajadora e ilustra el papel del aparato del estado y sus leyes represivas al servicio de los capitalistas.
Un elemento fundamental en este sentido es el control de los medios de comunicación, especialmente la televisión. La apariencia de un debate de diferentes ideas se lleva a cabo siempre bajo la lógica de un planteamiento capitalista, que ofrece a las trabajadoras y trabajadores la falsa solución del crecimiento continuo y el aumento de la productividad, mientras se crea en los desempleados la sensación de culpabilidad por no poder acceder a un trabajo digno.  Puesto que las redes sociales son una alternativa de comunicación relativamente menos controlada, el gobierno está creando leyes y persiguiendo las ideas en un atentado flagrante a la libertad de expresión. La Ley de Seguridad Ciudadana, la llamada “Ley mordaza”, no solo recurre a las multas gubernativas sin garantías judiciales, además crea un registro de infractores sin antecedentes penales y sin sentencia judicial. Se establece también “el valor probatorio de las declaraciones de los agentes de la autoridad”, que es base suficiente para la sanción, el cacheo aunque sea por una sospecha sin evidencia de delito y la detención en caso de no mostrar documentación.
Sentencias como las de Cassandra, con la que se persigue la represión de una expresión que afecta a un general golpista, destacada figura de la dictadura, en base a su papel de víctima, no tendría explicación si no se considera que el actual gobierno es heredero de aquel régimen y pretende ganar en legitimidad reescribiendo la historia y convirtiendo a los verdugos en víctimas.

Este endurecimiento de la represión, que está creando presos políticos, indica que, ante la debilidad del gobierno en cuanto a argumentos y avances sociales, este tiene la necesidad de atemorizar con la fuerza de leyes antidemocráticas y la amenaza de los cuerpos de seguridad del estado en contra de derechos fundamentales teóricamente protegidos por la Constitución.
Esta represión creciente hay que encuadrarla asimismo en el momento actual de la lucha de clases, en el que los capitalistas aprovechan el elevado desempleo y la impagable deuda pública para recortar derechos y aumentar la concentración de capital a costa de las trabajadoras y trabajadores. El aparato del estado, gobierno, jueces y los cuerpos policiales frenan la lucha obrera mediante la aplicación de leyes represivas mientras se aplican las políticas de las instituciones controladas por los capitalistas en contra de la clase trabajadora.
Jesús A. Castillo Gómez


sábado, 6 de mayo de 2017

Prohibido vestirse como una quiera





Una de las formas de discriminación que más ha aumentado durante los últimos años es la islamofobia, que puede definirse como la hostilidad o miedo injustificado hacia el Islam y las personas musulmanas, que puede ir acompañado de intolerancia religiosa y racismo. Así pues, este miedo irracional tiene como consecuencias la aparición de prejuicios, discriminación, agresiones y la exclusión social de las personas y las comunidades, en la participación de asuntos políticos y sociales.
Las mujeres musulmanas son doblemente víctimas de la islamofobia; por una parte, por las creencias que profesan, y por otra, por su género. De igual modo, la mayoría de estas mujeres tienen más probabilidad de sufrir ataques islamófobos, ya que el hecho de llevar el velo las hace más visibles y fáciles de reconocer ante el resto de la sociedad. Pero, al mismo tiempo, las invisibiliza, puesto que el hecho de llevar el velo hace más fácil poder apartarlas o excluirlas en determinadas situaciones.
Un ejemplo, a nivel institucional, de este tipo de discriminación, es la sentencia dictada el pasado 14 de marzo por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Esta determina que el hecho de que una empresa privada prohíba el uso visible de signos políticos, filosóficos o religiosos, no es discriminación y que estaría acorde con las leyes europeas.  Esta sentencia viene a raíz de dos casos, uno en Francia y otro en Bélgica, en los que mujeres musulmanas fueron despedidas porque se negaron a quitarse el velo en sus puestos de trabajo.
Si bien la legislación europea no permite que empresas privadas ni públicas establezcan normas que perjudiquen a ciertos grupos, a no ser que haya una justificación específica, como sería que la compañía quisiera transmitir una imagen neutral, la decisión del tribunal permitiría que las empresas privadas prohibieran el uso del velo, si se prohíbe el uso de símbolos religiosos. Además, no solo afecta a las mujeres musulmanas, sino a todas esas personas que expresan sus creencias religiosas a través de su forma de vestir, como los sijs que usan turbante o el caso de los judíos que lleven kippa.
Esta sentencia puede tener diferentes consecuencias. Por un lado, puede limitar el acceso al mundo laboral a aquellas mujeres que llevan el velo islámico y, por otro, puede llevar a que algunas mujeres tengan que quitarse el velo para poder trabajar, situación en la que se estaría vulnerando el derecho constitucional de libertad religiosa. Así pues, esta decisión del tribunal europeo podría llevar a que algunas mujeres tuvieran que decidir entre ejercer su derecho al trabajo o su derecho a expresar sus creencias religiosas de forma libre, situación a la que nadie debería de llegar.
En el libro Combatir la islamofobia, bajo el subtítulo de “Una guía antirracista”, podemos encontrar varios testimonios que comparten experiencias en torno al velo islámico y las distintas situaciones que las mujeres que deciden llevarlo viven. También cuenta con textos en los que se debate y reflexiona sobre el uso de esta prenda de vestir, la falta de centros de culto en el Estado español, el nacimiento del Estado Islámico, el estado de la cuestión LGTB en Oriente Medio y la relación de la izquierda occidental con el Islam, entre otros temas. Este libro nos brinda una perspectiva alternativa a la de los medios de masas y nos dota de recursos y herramientas para poder hacer frente a los problemas y conflictos derivados de la islamofobia.
Kadijatu Dem Njie

jueves, 4 de mayo de 2017

Decretazo de la Junta contra la Educación infantil de 0 a 3 años






LA MERCANTILIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía aprobó el pasado 28 de marzo de 2017 un Decreto Ley para la liberalización de la Educación Infantil de 0 a 3 años, mediante el cual apuesta por la liberalización y desregularización del sector, favoreciendo su mercantilización y abriendo las puertas a las grandes empresas como ha sucedi-do con la ayuda a domicilio.
El Decreto Ley y la actuación autoritaria de la Junta de Andalucía ha recibido un rotundo rechazo tanto de la patronal como de las trabajadoras del sector, quienes serán las primeras en sufrir el “decretazo”. La educación infantil es un sector muy feminizado, formado principalmente por cooperativas y microempresas que no podrán hacer frente ni competir con precios a la baja con las grandes empresas del sector y los oligopolios.
Hasta ahora el sistema de las escuelas infantiles funcionaba con la ayuda y en convenio con la Junta de Andalucía, fijando la administración un precio fijo. Con el nuevo decreto se pasa a establecer un precio máximo, echando a pelear unas escuelas con otras y permitiendo que las grandes empresas puedan ofertar muy por debajo del precio por plaza establecido por la Junta de Andalucía, lo que redundará en una merma de la calidad del servicio y una precarización de los puestos de trabajo.

 El decretazo encierra un segundo golpe sobre la clase obrera y en especial sobre las mujeres, al no permitir el acceso a plazas subvencionadas de los niños y niñas nacidos a partir de mayo, una vez cerrado el plazo de matriculación, por lo que madres con embarazos sobrevenidos, trabajado-ras temporales o jornaleras no podrán acceder a los servicios subvencionados y deberán o asumir el coste completo de la escolarización o renunciar al trabajo.
Las movilizaciones y concentraciones de los pasa-dos 23 y 28 de marzo han conseguido en parte frenar algunos de los puntos que la Junta de Andalucía estaba dispuesta a aprobar de forma unilateral, con lo que vuelve a demostrarse la falta de talante negociador de la Junta y el carácter mafioso de la administración andaluza, que ha llegado a avisar a los centros que secun-den las movilizaciones de que “se exponen a la retirada de las subvenciones”. Todo esto pone de manifiesto una vez más que las movilizaciones son imprescindibles.
La clase obrera debe luchar por una verdadera conciliación de la vida laboral y familiar, como medidas destinadas a favorecer los intereses del menor y la ampliación de los periodos de baja por maternidad y paternidad, más allá de los intereses empresariales, y no pareciendo de recibo que un bebé con tan sólo 4 meses esté obligado a asistir a una escuela infantil.
David Robles

martes, 2 de mayo de 2017

Lo que pasó en Sevilla el 26 de octubre de 2013




El 26 de octubre de 2013, el sindicato fascista Respuesta Estudiantil realizó una manifestación a nivel estatal en Sevilla, donde varios autobuses procedentes de Madrid congregaron a lo más variopinto del fascismo.

Por redes sociales y de manera espontánea surgió una respuesta contra tan hipócrita manifestación, que bajo la máscara de “jóvenes patriotas”, escondía a fascistas que no dudan en apoyar a asesinos como Jouse, que mató a Carlos Palomino.

Nuestra oposición manifestada contra aquellos fascistas acabó brutalmente reprimida por cargas policiales innecesarias, con dos salvas al aire que produjeron varias carreras por las calles más comerciales de Sevilla, sembrando el terror en los viandantes y comerciantes de la zona. En aquellas carreras varios agentes de policía en moto nos perseguían por las estrechas calles del centro, de manera que estuvieron a punto de atropellar a un compañero (Carlos), que cayó al suelo, y allí lo retuvieron inmovilizado, tumbado boca abajo contra el asfalto. Quien suscribe estas líneas y otro compañero (Antonio) también fuimos retenidos. Se llevaron a Carlos esposado a la comisaría de policía de Blas Infante, dejándonos a Antonio y a mí libres después de haber tomado nota de nuestros DNIs.

En cambio, la manifestación fascista de Respuesta Estudiantil trascurría impunemente, utilizando material pirotécnico ilegal.

Lo ocurrido ese día es el resultado de tratar un asunto tan grave con la ligereza con que lo hacen Felisa Panadero, delegada del gobierno, y Zoido, entonces alcalde de Sevilla y hoy ministro del interior. Según sus palabras: “la manifestación del sindicato no causó problema alguno. El único problema aquí fue que 300 personas de ultraizquierda intentaron impedir que 150 niños se manifestaran en Sevilla y pelearse con ellos”. Todo esto ha servido a los que ostentan el poder para criminalizar a los que defendemos la libertad y siempre daremos la cara contra el fascismo.

Un mes más tarde, sin recibir ninguna citación o comunicación, fuimos detenidos como peligrosos delincuentes en nuestras casas o de camino a clase. Nos llevaron casi sin dar explicación a los calabozos de la comisaría de Blas Infante, y allí nos abrieron ficha policial, ya que la mayoría no teníamos antecedentes de ningún tipo. De ahí pasamos a disposición judicial ese mismo día, para ser puestos en libertad tras declarar y responder a cuatro preguntas sin sentido.

Sin antecedentes policiales y algunos sin ser identificados en el lugar de los hechos, la policía no tuvo otro modo posible de saber nuestros datos personales, si no es con el uso de listas negras.

La intención de detener a 7 de los 11 imputados un mes después está clara: “sembrar el terror”; esas detenciones no eran en absoluto necesarias, con una citación hubiera sido suficiente.

Los cargos que nos imputan son desórdenes públicos, tras la denuncia de Ángel Castro Conde, secretario de Respuesta Estudiantil Sevilla. Eso sí, asesorado por el abogado “hiperpatriota” y omnipresente Ángel Bordas.

Todo esto parece no ser suficiente, el escarmiento tiene que ser ejemplar. Además del proceso penal, hemos recibido multas que van desde 1300 hasta 3000 euros; no sólo los detenidos, sino un total de 17 personas. Los imputados, por la vía penal, después de varias reclamaciones y amparándonos en el principio de “no bis idem” (no se puede juzgar a una persona dos veces por lo mismo), hemos logrado paralizar de momento (no anular) las multas.

El proceso penal nos ha creado gastos de abogados, además de la incertidumbre de la sentencia que la justicia burguesa nos quiera imponer tras el juicio que se celebrará el próximo día 8 de mayo a las 9'45h en los juzgados del edificio NOGA en La Buhaira (Sevilla).

Sabemos que no somos ni seremos los únicos ni los primeros, pero no podrán callarnos. ¡NO PASARÁN! 
Fernando López

SOLIDARIDAD ANTIFASCISTA

¡Os esperamos el 8 de mayo a las 9:45 h
en los juzgados del edificio NOGA de La Buhaira (Sevilla)!