lunes, 14 de diciembre de 2015

Voto crítico a Podemos, sigamos en la lucha el 21D

Voto crítico a Podemos, sigamos en la lucha el 21D







El 20D es un día crítico. Después de cuatro años en el gobierno, cuatro años haciendo que los trabajadores y trabajadoras paguemos la crisis, es posible mandar Mariano Rajoy a su casa. Rajoy y su gobierno tienen que pagar por nuestros desempleados y desempleadas, por nuestros familiares y amigos que se vieron forzados a salir al extranjero, por nuestras mujeres asesinadas, por nuestras compañeras que vieron su salario y sus condiciones de trabajo empeorar en estos cuatro años, por los inmigrantes asesinados por la guardia civil y por las fronteras cerradas. Tienen que pagar por los que se quedaron en el camino: quienes murieron esperando una vacuna, por la pérdida de ayudas a su dependencia, por los que se quitaron la vida al verse echados a la calle por los desahucios. Tienen que pagar por sus mentiras, por sus amigos -los banqueros- que se han aprovechado de esta crisis, por sus Bárcenas y sus Urdangarín. Por la represión de la Ley Mordaza y por las campañas de miedo y división, ¿quién se acuerda de Gallardón?


Por todo esto, mucha gente trabajadora busca la mejor manera de castigar al PP. Pero es un error muy grave pensar que el PSOE puede ser una alternativa. Pedro Sánchez puede haber cambiado la imagen del partido, pero sigue expresando la misma lógica y los mismos intereses. Sánchez repite las mismas mentiras que decía Rajoy hace cuatro años, que la crisis se acaba y lo único que tenemos que hacer es seguir en el mismo camino: salvando a los bancos, apoyando a los capitalistas, obedeciendo los dictados de las normas de la UE. Su argumento es que él puede hacerlo mejor que Rajoy. La similitud de las políticas de PSOE y PP no se queda sólo a nivel general. Ya estamos viendo cómo ambos se preparan para entrar en un pacto post-electoral con el que van imponer las mismas medidas de austeridad, esta vez no como polos opuestos sino como aliados. Los primeros pasos peligrosos en este camino los vimos en Cataluña con la formación del bloque que quiere parar el proceso de independencia. Después, en una versión más sucia, con el pacto antiyihadista. Los dos partidos se comprometen a arrastrarnos hacia una nueva guerra en Siria, que conlleva más intervención española en África y más ataques islamófobos y racistas contra los inmigrantes.


La continuación en el gobierno de partidos que apoyan la austeridad sin reservas, que tienen una posición militarista, que están al servicio de los lobbys de la energía, que han modificado la Constitución contra los derechos de los ciudadanos y han aplicado recortes sociales, que han hecho leyes represivas, que son financiados por los bancos que condonan sus deudas y han hecho reformas laborales para que la crisis la paguen los trabajadores, es profundizar en la desastrosa situación actual. Tenemos que asegurarnos de que estos dos partidos sigan en la senda del debilitamiento que vimos en las últimas europeas y en las elecciones autonómicas y municipales.


Es evidente -para muchas personas en gran parte gracias al movimiento 15M y todo su impacto- la responsabilidad de PP y PSOE en esta situación pero Ciudadanos de Albert Rivera no debe engañar a nadie. No es alternativa al “bipartidismo”. Es carne de la carne del PP, una derecha enmascarada. Participa de las mismas políticas, y en algunos campos con más agresividad, aunque las disfrace de modernidad. Rivera quiere expulsar a los inmigrantes de la sanidad pública, y éste es el primer paso para terminar dejándonos a todos y todas sin ella. Quiere subir el IVA y bajar los impuestos que pagan los ricos. Dice claramente que está dispuesto a entrar en cualquier gobierno (en nombre de la estabilidad del país), sirviendo así de comodín para salvar, no para derribar, a los dos partidos tradicionales.


El voto a la izquierda es la única opción con la que se pueden expresar en la urnas no sólo nuestra rabia sino también nuestra experiencia de lucha de estos años. En estos dos años dimos muchos pasos adelante; de las huelgas generales de 2012 hasta las mareas, las grandes marchas de la dignidad, el movimiento contra los desahucios, el movimiento estudiantil, pero también luchas en los centros de trabajo que se convirtieron en símbolo para toda la clase trabajadora: de Coca-Cola a Panrico, de la huelga de las escaleras en Movistar hasta luchas que no llegaron a las portadas de los periódicos sin ser menos importantes: para nosotros en Andalucía, huelgas como la de Extruperfil o la de Atento han sido ejemplares.


Toda esta experiencia acumulada, tanto la de fracaso del sistema, como la de resistencia de la clase trabajadora, se podrían expresar en estas elecciones. Si Podemos no lo ha conseguido, no es culpa de la gente, sino de su propio liderazgo. Del “asalto al cielo”, la dirección de Podemos pasó a la “centralidad del tablero”; de denunciar a la “casta” llegó a plantear un gobierno común con PSOE; y del “no pagar la deuda” llegó a aceptar los “márgenes” del sistema, asumiendo como indiscutibles la UE, el euro y la OTAN.


No ha habido un retroceso en la conciencia de la gente desde hace un año, cuando las encuestas apuntaban a Podemos como primera fuerza política. Lo que ha cambiado es el discurso de Pablo Iglesias. Pero debemos ir más allá. El cambio de discurso no es resultado de ninguna “traición”. La deriva de Podemos que deja a mucha gente desilusionada es resultado de la lógica que tenía Podemos desde el primer momento, una lógica que tradicionalmente se llama reformismo. Se trata de la falsa ilusión de que las cosas se pueden cambiar desde el gobierno, utilizando el estado capitalista a nuestro favor.


Los mensajes que nos han llegado el último año desde Grecia lo evidencian claramente. Incluso un gobierno de izquierdas es incapaz de cambiar lo más mínimo, si acepta los “márgenes” que imponen la Troika, los banqueros, y los ricos. La crisis del capitalismo es tan profunda que no deja espacio alguno ni siquiera para medidas limitadas como las que tomaron los gobiernos socialdemócratas en los ´80. Ahora Tsipras es quien aplica el programa de austeridad que no han podido implementar gobiernos de derecha y de la socialdemocracia antes que él.


Estamos viviendo la crisis más profunda desde los años ´30. Para enfrentar esta crisis, hace falta política de ruptura con este sistema. Esto significa no pagar la deuda, nacionalización de las grandes empresas y los sectores estratégicos de la economía. Significa que la tierra y la riqueza pase a las manos de quienes trabajan. Significa por tanto control de los propios trabajadores y trabajadoras para decidir democráticamente dónde y para qué queremos trabajar e invertir, y no dejar nuestras esperanzas de “recuperación” en manos de un sistema loco que nos conduce a más pobreza, guerra, racismo y cambio climático.


No obstante, concluir por esta evidencia que no hay que participar del juego electoral o, en caso de hacerlo, que hay que votar en blanco, porque ningún partido cubre todas las expectativas, supone también una valoración errónea del papel de las elecciones. La situación tras estas generales no será la misma cualquiera que sea su resultado. Eso sí, vamos a las urnas pensando en el día siguiente. Pase lo que pase, el gobierno que saldrá de estas elecciones será un gobierno de austeridad que necesitará un programa de recortes aún más duro. Sea la que sea la combinación entre PP, Ciudadanos, PSOE -o quién sabe qué otros apoyos-, lo importante es con qué resistencia se van a encontrar.


La presencia de una izquierda fuerte en el parlamento, sean las que sean sus limitaciones, será una ayuda a esta resistencia. Mucha gente que ha luchado en estos cuatro años votará a Podemos o a Izquierda Unida. Como Colectivo Acción Anticapitalista somos parte de los trabajadores y trabajadoras que irán a las urnas para votar a la izquierda y nos sentimos unidos a todos ellos porque compartimos reivindicaciones y objetivos. Por nuestra parte, proponemos utilizar la papeleta de Podemos, que es la que en este momento concentra la mayoría de la esperanzas de la gente de la lucha. No la utilizaremos como apoyo al aparato de Podemos, sino por toda la gente que ha trabajado desde la base con ilusión en este proyecto, poniendo todo su esfuerzo en una alternativa con la que plantarle cara a las políticas neoliberales de PP, PSOE y Ciudadanos, y porque un mal resultado de Podemos dejaría el campo libre a la derecha, suponiendo una losa aún mayor sobre la clase trabajadora. Somos conscientes de que Podemos recogió en sus principios el espíritu del 15M y transformó la política del bipartidismo, más que por el rápido crecimiento de sus expectativas electorales por un programa con propuestas rupturistas y por la gran movilización y participación de sus bases, y de que en poco tiempo su evolución lo ha transformado en un partido reformista socialdemócrata donde se practica el culto a la personalidad del líder, lo que ha propiciado una falta de democracia interna, el crecimiento de un aparato seleccionado en base a su fidelidad y la salida de muchos activistas críticos, a la vez que se moderaba el programa. Pero no es cuestión de si Podemos es mejor o peor que Izquierda Unida. Ambos partidos, como partidos reformistas, se adecuan a la lógica del sistema capitalista y por lo tanto presentan grandes limitaciones de cara a la defensa de los intereses de la clase trabajadora. Porque si Podemos nos ha desilusionado con su cambio de discurso, Izquierda Unida, con la actuación de la burocracia de sus aparatos, nos ha desilusionado con sus hechos: la actuación de IU en cajas de ahorros; la participación en los recortes apoyando a Susana Díaz; su papel en Extremadura; las guerras internas con cuadros enfrentados más por los sillones que por razones políticas; su complicidad con la dirección de CCOO, más preocupada de pactar que de la lucha sindical, sin apostar por organizar las huelgas generales que tanto necesitamos, o la falta de transparencia en procesos como las primarias de Unidad Popular en Sevilla restan credibilidad a IU, a pesar del buen candidato que es Alberto Garzón y de la solidaridad que despierta su apuesta por la confluencia y su marginación de los medios de comunicación.


Por todo lo expuesto anteriormente, creemos en la importancia de votar en estas elecciones pero no tenemos ninguna expectativa de que el voto en sí puede cambiar lo que necesitamos cambiar. No confiamos ni en Podemos ni en nadie.  Votar con la ilusión de que sólo con el voto combatimos todas las injusticias de la sociedad es de ilusos. Tras las elecciones solo hay una cosa segura sea cual sea el resultado: el control de nuestra economía lo seguirá teniendo la Troika y seguirán siendo necesarias, gane quien gane, las luchas en las calles. Y por ello la izquierda -todo tipo de izquierda- se va a medir no por lo que dice, ni por lo que escribe en sus programas. Ya tenemos la experiencia de décadas de programas de todos los partidos, incluido IU, repletos de medidas que se olvidan muy rápido después de las elecciones. La izquierda se mide y se va a medir en base al esfuerzo que hace antes y que haga después de las elecciones para organizar en los centros de trabajo, para apoyar las resistencias en las calles y en los barrios, en los movimientos contra la austeridad, contra la guerra y contra el racismo, movimientos  que necesitaremos mas aún en lo que tenemos por delante. Y hasta ahora han dejado claro con su forma de actuar que no están por la labor de luchar por construir estos movimientos.


Por ello, al mismo tiempo que en estas elecciones escogeremos la papeleta de Podemos, como la mejor manera de debilitar a los partidos de la austeridad, construimos la alternativa real. El Colectivo Acción Anticapitalista participa en la iniciativa “No hay tiempo que perder” que, después de un buen comienzo en Málaga, continuará sus pasos con un nuevo encuentro en Madrid a principios del próximo año. Necesitamos urgentemente una izquierda que no funcione en base a votos y encuestas, sino en base a las necesidades y las posibilidades que conlleva la movilización popular. Una izquierda que diga claramente que no hay alternativas parlamentarias, que el único camino es la revolución. Únete con nosotros en esta lucha.
Colectivo Acción Anticapitalista

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