viernes, 29 de septiembre de 2017

Por el derecho a decidirlo todo. Por la independencia de Catalunya


Desde el Colectivo Acción Anticapitalista queremos trasladar todo nuestro respeto y
solidaridad a quienes luchan en Catalunya por la libertad, por el derecho a decidir,
por la independencia. Los miles de jóvenes, trabajadores y trabajadoras que han
tomado las calles los últimos días están haciendo historia. Su resistencia, resiliencia y
su intervención directa en las calles han hecho que el estado español haya entrado en
pánico.

Las y los estudiantes ocupando las universidades, las y los jóvenes que defendieron la
sede de la CUP, la gente que salió inmediatamente para defender a los presos
políticos, los estibadores que declararon que no van a echarle una mano a la
represión, la plantilla de Correos que se negó a confiscar envíos postales del
referéndum, la asamblea de los bomberos que se ha ofrecido a garantizar la seguridad
del referéndum; ésta es la fuerza que no sólo puede ganar la independencia, sino que
puede asegurar que una Catalunya libre no signifique solamente un cambio de
banderas. La lucha por la independencia tiene la perspectiva de enlazar y continuar
como una lucha contra todos los que controlan nuestras vidas, los capitalistas y su
sistema.

La deriva autoritaria que han tomado Rajoy y su gobierno de minoría es resultado del
pánico frente a la sólida resistencia en Catalunya. Es un gobierno débil que sabe
que no tiene el apoyo de la mayoría social. Es un gobierno que se ha formado a base
de chantaje, y a base de chantajes y de represión piensa quedarse en el poder. No
puede encontrar fuerzas sociales en las que apoyarse y busca el apoyo en la Guardia
Civil (un cuerpo paramilitar), la policía, la Fiscalía... Ha dado luz verde a los grupos de
fascistas que han salido a las calles escondiéndose detrás de la bandera española,
gritando “A por ellos”. Los admiradores de Franco tienen la cara de presentarse como
guardianes de la “legalidad” y de la “Constitución” del Régimen del 78 construido sobre
los cimientos del franquismo tras fuertes luchas sociales.
Rajoy y su gobierno tienen toda la responsabilidad de los sucesos violentos y
antidemocráticos ocurridos en Zaragoza y la agresión a los cargos electos que
participaban en la iniciativa de Unidos Podemos. Que sepan los fascistas que si tocan
a una nos tocan a todas.

No nos van a amedrentar. El futuro de Catalunya lo van a decidir las y los que viven,
trabajan y luchan en Catalunya. El referéndum del 1 de octubre dará una respuesta
clara sobre qué quiere la mayoría de la gente. Y la huelga del 3 de octubre dará una
respuesta aún más clara sobre quién puede imponer el cambio. No será ni el gobierno
de Puigdemont, ni ningún gobierno. Es la lucha en las calles y en los centros de
trabajo la que va a decidir qué es “legal” y qué no lo es.
La agresión contra los derechos de las catalanas y catalanes es la última defensa del
Régimen del ´78. Todos ellos -borbones, nobleza, franquistas, grandes “empresarios”
que se vistieron de demócratas cuando murió Franco-, que firmaron juntos la
Constitución del ´78 para parar el momentum de las movilizaciones masivas, se están
tambaleando desde la irrupción del 15M y de la crisis y no han logrado estabilizar su
sistema desde entonces.

Todos las trabajadoras y trabajadores, vivamos donde vivamos, saldremos reforzadas
si nuestras hermanas y hermanos en Catalunya ganan. Es una oportunidad para
salir con todas nuestras reivindicaciones a la ofensiva ahora que el gobierno y el
estado se están debilitando aún más. Esto es especialmente importante en Andalucía,
una nación marginada política y económicamente en el seno del Estado español, con
nefastas consecuencias para la gente trabajadora. Defender el nacionalismo
españolista es defender la posición subalterna y periférica de Andalucía como tierra de
exportación de mano de obra barata, materias primas y patio trasero del capitalismo
español y europeo.

Toda la izquierda tiene que apoyar al movimiento por el derecho a decidir en
Catalunya. No hay espacio para lógicas de “referéndums pactados” y de
negociaciones. El Estado español ha demostrado claramente que ha elegido la
represión como único camino. La respuesta tiene que ser resistencia sin ningún paso
atrás. Tod@s junt@s contra el Rrégimen del 78, contra la represión, la opresión y la
austeridad. Desde Acción Anticapitalista apoyamos el derecho a decidir del pueblo
catalán y su independencia del Estado español. Una independencia, que conseguida
mediante luchas sociales progresistas, debilite al Estado español (una construcción de
poder capitalista que hay que superar) y lleve al pueblo trabajador catalán y al resto de
la clase trabajadora del Estado a estrechar lazos y cooperación por un mundo más
justo para la mayoría social.

jueves, 17 de agosto de 2017

¡¡¡Aisha Hernandez Rodriguez libertad!!!



Desde Colectivo Acción Anticapitalista, nos solidarizamos con Aisha Hernandez Rodriguez, militante de ANC en Canarias, que por hacer una pintada en el año 2014, va a entrar en prisión en septiembre. Este es otro ejemplo de represión policial contra activistas de izquierdas.

Os exponemos el texto escrito por la compañera para entender su situación:

Escribo el siguiente texto por varios motivos, para empezar porque me gustaría explicar porqué considero que mi entrada a prisión es totalmente injusta, ademas porque quiero aclarar cualquier tipo de duda y porque me consta que aquí la peña tergiversa las cosas a su manera (obviamente no hablo de ningún camarada, sino de ciertos comentarios que sé que rondan las redes).
Primero que nada quiero explicar porqué entro 4 meses a prisión. 
Me acusan de "resistencia a la autoridad", si "resistirme" es decirle a la policía que no tiene derecho a tocarme y tras múltiples amenazas responderles "Ustedes  son unos cuerpos represivos de la autoridad", SÍ, ME RESISTÍ. 
Si de verdad creen que esa frase merecía que me tiraran al suelo y me golpearan, que tras haberme metido en el coche (sufriendo un ataque de ansiedad) volvieran a sacarme de las piernas y a golpearme, que me humillaran durante todo el trayecto y continuaran en comisaria, que me insultarán, que tardaran más de 2 horas en llevarme al centro de salud para que me sedaran, que me imposibilitaran tomar una medicación que tengo por prescripción médica...Si creen que merecía todo eso por describir una realidad, tal vez deberían reviizarse su conciencia, lxs que la tengan. Si creen que por  no agachar la cabeza ante lo injusto merezco que me priven de mi libertad 4 meses, haya ustedes, yo sigo con la cabeza bien alta porqué luchamos por algo mayor, por ideas, por la liberación del pueblo, y no podrán detenernos por más que encierren camaradas.
Yo no me negué a identificarme (al contrario del secreta que apareció y retiró las llaves de mi vehículo pidiéndome mi DNI negándose a enseñarme la placa), yo no golpee a la policía, ellos a mi si, me limite a decirles esa frase que tan cierta es y tan mal les sienta y además  lo dije tras tener que aguantar no sólo el mal trato sino que me cogieran de un brazo zarandeándome.
Esa noche sufrí dos ataques de ansiedad y al siguiente día el perito psicológico me dejó salir hasta el Lunes, día del juicio, en el que querían meterme "atentado a la autoridad" con tres años y medio de cárcel, lo que se quedó. en "resistencia a la autoridad" con cuatro meses. 
No entré al momento por no tener antecedentes (los 6 meses por el caso de la pancarta junto a 4 mujeres estaban en recurso entonces) pero quebranté la suspensión de la pena con un delito de tráfico, esto afecta directamente a los 4 meses de prisión por la supuesta "resistencia a la autoridad" y me obliga a entrar, quiero dejar bien claro que el delito con el que quebranté la condena, si bien afecta directamente a la entrada, NO es el motivo porque el que entro ya que la pena no implicaba ni un sólo día de cárcel, sino multa y retirada de carnet (algo que cumplí en su momento), Cualquier otro delito hubiera causado el mismo efecto ya que los 4 meses siguen siendo por "resistencia a la autoridad". 
Por otro lado hay quiénes se quejan de que utilizará un muro como forma de expresión (que no pertenece a ninguna casa por cierto), a estxs les recuerdo aquella frase tan famosa...."Cuando los medios callan, las paredes hablan. 
¡Qué decir de lxs que dicen que el graffiti no es lo mío! Sólo que estoy de acuerdo con ellxs, que lo mío es luchar y no sólo haciendo una pintada, sino en las calles. Una pintada política no se hace para que quede bonita, sino para traspasar un mensaje, esa era mi intención ese día. 
También ví por ahí comentarios como "Aisha no es ninguna santa"  "Algo haría" "Es que no debió contestarle a la policía"....Yo jamás he ido de santa ¡DIOS ME SALVE! todo lo contrario, critico toda tu falsa moral cristiana, he cometido muchos errores en la vida sí, pero desde luego ninguno esa noche, no soy el diablo que algunxs pretenden hacer ver, solo soy una mujer que intenta aportar su grano de arena para que algún día nuestra nación, así como todas las del mundo, sean libres. ¿Quebranté la condena? Sí, ¿Merecía esa misma condena que quebrante? No. 
Por último quiero agradecer la enorme solidaridad de todxs

domingo, 6 de agosto de 2017

No a la gentrificación de nuestros barrios

A principios de la década de los sesenta, la socióloga marxista Ruth Glass publicó el libro “London: Aspects of Change”, donde utilizó por primera vez el neologismo “gentrificación” (de “gentry”, pequeña nobleza rural), en referencia a esas familias británicas acomodadas que se trasladaron al centro de Londres. Glass observó una profunda transformación en las calles cuando un estrato social más adinerado adquiría propiedades a precio de saldo, elevando el nivel económico del barrio y desplazando a las clases populares hacia la periferia. Se trata de la transformación de un lugar por el abuso de poder de un grupo con recursos superiores (especuladores), que logra expulsar y destruir comunidades locales para una posterior “puesta en valor”, que explica un aumento del “estatus” de la zona con nuevos comercios, negocios y un turismo cada vez más masificado y orientado al consumo; colonizando las propiedades, alterando la cultura, la diversidad, la naturaleza y, en definitiva, la vida de los barrios.
Desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, en el contexto de la presente crisis económica global (donde más de 500.000 familias han perdido sus casas), se ha evidenciado que la política habitacional del Estado español ha servido para que los fondos de inversión buitres y los bancos se apropien de muchas viviendas. Mientras, siguen viviendo en la calle 40.000 personas y hay más de tres millones y medio de casas vacías. A diferencia de otros países de la UE, España cuenta con muy pocas viviendas en régimen de alquiler social, hecho que ha favorecido que se haya generado una situación de difícil acceso a un derecho básico como es el de la vivienda, y en los casos en los que se accede, un alto riesgo de desahucio.
Claramente, la gentrificación afecta a los sectores más castigados de nuestra sociedad, creando «nuevas fronteras» en nuestros barrios. Es revelador ver que donde antes había comercios tradicionales de artesanía ahora se amontonan tiendas de “hipsters” o productos de lujo para un estrato social distinto. Lo que consigue el capitalismo con estos procesos es la elitización social de los barrios tras un ciclo de embestidas intervencionistas intencionadas (subida de las rentas, encarecimiento del suelo, abandono de los servicios, …), desplazando a la población menos adinerada y abriéndole la puerta a los especuladores, que no están conformes con la estructura económica original del barrio, basada en pequeños comercios y empresas familiares, puesto que no les reporta beneficios.
La disputa del territorio urbano y la destrucción creativa de la diversidad cultural
En las megalópolis como Londres, París o Nueva York -consideradas como referencias culturales vanguardistas y creativas- hay barrios que se han convertido en lugares de difícil acceso a la vivienda, salvo para unos pocos. La gentrificación está asesinando la cultura en Nueva York, especialmente la negra. En algunos barrios de Manhattan que en los años sesenta mostraban paisajes desolados, cincuenta años más tarde se construyen los pisos más caros del mundo. Pero este no es un fenómeno exclusivo de Manhattan, son muchos los centros urbanos que han ido cambiando en la misma dirección: desde Southwark en Londres hasta la París del “guetto de los ricos”, pasando por el canal Landwehr de Berlín, que une los distritos de Kreuzberg y Neukölln, por el Silicon Valley en San Francisco, el Raval de Barcelona, Malasaña o Chueca en Madrid, o la Alameda de Hércules en Sevilla. Han ido transformando los viejos y discriminados “guetos” en barrios de moda cada vez más exclusivos. Donde antes podía estar “An Cá Paco”, ahora puede estar “Paco’s Gourmet” o un Starbucks.
Podríamos apreciar seis etapas o fases bien distinguidas, que se conectan dinámicamente entre sí, hasta que los especuladores consiguen culminar el proyecto y apropiarse de territorio.
El punto de partida es el abandono y la degradación del lugar acompañados de un proceso de abaratamiento de la vivienda, que permite el acceso a las personas más pobres y desplazadas económicamente de nuestras sociedades. Los servicios públicos de mantenimiento más básicos no existen o se reducen hasta hacerlos insuficientes. Se crea así la necesidad de una transformación urbana y se justifica un cambio regeneracional. En el proceso la población sólo es visibilizada cuando se opone a estos planes y, en tales casos, es representada mediante estrategias de estigmatización para justificar el desplazamiento, construyendo imaginarios que rechazan la pobreza y crean sesgos identitarios estereotipados que se relacionan con el desorden, la delincuencia, la inseguridad o el crimen. En numerosas ocasiones se recurre al racismo y la xenofobia como modo de violencia y exclusión. Una vez que la degradación está muy avanzada especulan comprando y vendiendo con el único objetivo de obtener beneficios económicos “porque existe una gran demanda”, que previamente han trabajado para la captación de nuevos pobladores que les sea más


fácil aceptar este nuevo modo de vida. La falta de alquiler asequible favorece la especulación. Con todo esto, encarecen el suelo, la vivienda y los impuestos, aumentando el nivel de vida de la zona, para así lograr la expulsión de los residentes originarios por convenios, por la fuerza o por condiciones económicas ya difíciles de soportar. El lugar se pone de moda, se publicita y se consolida el turismo, la venta y la vivienda. Estas etapas se pueden prolongar en el tiempo y están en tensión continuamente.
La gentrificación en Sevilla: la Alameda, San Luis o La Bachillera
En Sevilla la gentrificación vino tras el asentamiento de las bases del régimen del 78, cuando varios sectores, urbanísticamente degradados y pertenecientes al casco histórico, empiezan a revalorizarse. Esto vino marcado por desalojos y demoliciones en Triana, San Bernardo y Alameda-San Luis. Todos estos lugares tienen algo en común: son de carácter obrero con cierto desarrollo industrial entre el siglo XIX y la primera mitad del XX, y en ellos predomina el alquiler sobre la propiedad.
Su etapa más brusca vino a raíz de la Expo 92, que quiso ser vanguardia de la modernidad europeísta liderada por el PSOE pero que quedó en el abandono.
Hasta principios de los 2000 no arrancaría la resistencia y la organización contra la especulación inmobiliaria en la ciudad y el proceso de gentrificación en la zona con la Plataforma en Defensa de la Casa del Pumarejo como baluarte. La puesta en valor como bien patrimonial, reconocido como Monumento, evita administrativamente posibles tramas especulativas (de momento). Las vecinas y vecinos exigen a la corporación municipal de Espadas, con razón, que rehabilite la casa vecinal.
La Alameda y el entorno residencial contiguo de San Luis son un claro ejemplo de las injusticias que deja a su paso la construcción y reconstrucción de la ciudad capitalista. Quienes conociesen la Alameda en la década de los ochenta, difícilmente la reconocerán hoy. En el caso del mercadillo de El jueves, existe un monopolio del territorio, y las presiones policiales y tensiones que crean crispación y competición entre los vendedores “oficiales” y los “no oficiales” tratan de desplazar a estos últimos al Charco de la Pava -en la periferia de la ciudad-. En este mercadillo, de productos de todo tipo de segunda mano, en el que sus clientes potenciales suelen ser las clases populares, se interviene institucionalmente mediante medidas de control público, y progresivamente se parece cada vez más a un mercadillo “vintage”, que vende objetos destinados a estratos sociales más adinerados que la gente que vive en el barrio.

Respecto a la barriada de la Bachillera, y tal y como señalan en la interesante web de Perifèries Urbanes, “estaba históricamente en la periferia, pero con la Expo quedó en una “nueva área de centralidad”. Los vecin@s eran propietarios de las casas, pero los terrenos pertenecen a la Asociación Sevillana de Caridad (ASC) que pretendía demoler el barrio”. El plan inicial de derribo no se llevó a cabo porque activistas y vecin@s se organizaron conjuntamente para paralizarlo. Hace casi dos décadas consiguieron un proyecto de rehabilitación del barrio organizándose en asambleas y llegaron a encerrarse en la sede de la ASC, a tomar el control de la Asociación y a municipalizarla. Pero desde entonces hay empresas interesadas en comprar las casas de aquellos que lucharon hasta el final: muchos ya se fueron y otros están interesados en venderlas. Aquella zona es carne de especuladores, como quedó patente con el desalojo de la Corrala Utopía.
¿Qué podemos hacer para frenar la gentrificación?
Es importante tener claro que, en última instancia, la construcción de viviendas y la renovación urbana están subordinadas a las grandes empresas y sus intereses son los que determinan en gran medida el destino de la ciudad. El suelo y la vivienda son mercancías en el capitalismo, al igual que otro producto que se compra o se vende. En este sentido, los espacios autogestionados en Madrid están poniendo en evidencia el progresismo de Manuela Carmena, ya que están siendo sometidos a una persecución por parte del gobierno de Ahora Madrid, más amable con los intereses privados y especuladores que con el mantenimiento de estos espacios socio-culturales.
Ante esta situación, nuestro objetivo principal es atacar el proceso gentrificador. La lucha contra los desahucios, contra la privatización de los servicios y contra la pobreza y la precariedad favorece a las clases populares, en la medida en que aumente el grado de conciencia del barrio y la resistencia para proteger a las personas que en él viven, ofreciendo soluciones integrales o la prevención de futuros procesos de gentrificación; como ocurrió en el barrio burgalés de Gamonal, no siempre ganan los mismos.
José María Bravo

miércoles, 26 de julio de 2017

Liberación sexual y la Revolución rusa





La Revolución rusa de 1917 transformó todos los aspectos de la sociedad. El autor Dan Healey le habla a Colin Wilson sobre su impacto en la libertad sexual.

El movimiento contemporáneo de los derechos de los homosexuales empezó en 1969 con la revuelta de Stonewall en Nueva York. Los activistas en aquella época daban por hecho que formaban parte de un movimiento más amplio que luchaba contra el racismo y contra la guerra en Vietnam.
En concreto, los socialistas en aquel movimiento empezaron a estudiar la historia de las campañas por la liberación sexual. Volvieron a descubrir una tradición que llega hasta los años 1840 y que argumentaba que el socialismo no solo acabaría con la explotación económica, sino que traería libertad personal y sexual.
El punto álgido de esta tradición fue la revolución rusa de 1917, que derrumbó la dictadura del zar e introdujo un gobierno liderado por los bolcheviques y basado en el control de los obreros y campesinos.
La revolución de 1917 transformó las actitudes frente a la sexualidad y las mujeres. Se inició un período de libertad sexual que duró hasta los primeros años de la década de 1930, cuando fue aplastado por la contrarrevolución de Stalin.
El libro “Deseo homosexual en la Rusia revolucionaria”, escrito por Dan Healey, ofrece pruebas abundantes sobre todo esto -a la vez que da una visión más detallada de las contradicciones entre los primeros años de liberación y la intolerancia brutal de Stalin-.
Rusia bajo el Zar era una sociedad extremadamente desigual y represiva. Estaba dominada por la iglesia ortodoxa rusa, y tanto el sexismo como el antisemitismo estaban muy profundamente enraizados.
Pero partes de Rusia en aquella época se estaban industrializando rápidamente, de modo que en algunas regiones muchas de las tradiciones y los controles sociales que habían existido durante siglos en el campo empezaban a desprenderse.
El concepto de homosexualidad no estaba muy extendido en la Rusia de la época. La gente no categorizaba a los demás ni a ellos mismos en base a su preferencia sexual.
Pero empezaban a circular modernas ideas sobre el sexo, especialmente cuando la censura se fue relajando después de la revolución fracasada de 1905.
Una subcultura gay empezó a desarrollarse, con hombres quedando para sexo en parques y aseos públicos. Muchos hombres ricos tenían relaciones con camareros, sirvientes o soldados, mientras que prostitutos trabajaban en algunos baños públicos. Algunas mujeres empezaron a identificarse a sí mismas como lesbianas, mientras otras mujeres que deseaban a mujeres vivían sus vidas como si fueran hombres.
El sexo entre hombres era un delito, castigable con exilio a Siberia. Los menos privilegiados corrían mayor riesgo de ser detenidos. Los ricos sabían cómo ser “discretos” y evitar la ley.
Pero la revolución de octubre de 1917 bajo dirección bolchevique llevó a un cambio profundo de visión. “Lo que vino con los bolcheviques fue un concepto muy diferente de cómo se tiene que entender la sexualidad”, dice Dan Healey.
Se trataba de una idea extremadamente moderna: que la sexualidad debía ser laica, que todo el abracadabra religioso debía ser eliminado y que la ciencia debía ser el factor más importante que determinara el enfoque en la sexualidad.
Este pensamiento era la base detrás de la descriminalización del sexo entre hombres en el código penal después de la revolución. El aborto fue también legalizado, mientras el divorcio podía hacerse efectivo bajo petición de cualquiera de los cónyuges.
¿Fue esta descriminalización legal acompañada de cambios en las actitudes sociales y de una liberación más amplia? “Es muy difícil determinar con precisión”, dice Healey, “pero se puede tener una idea de que se trataba de un gran momento de liberación para algunas personas orientadas al mismo sexo. Hay alguna gente que lo vivió como un momento de soltar amarras respecto a las antiguas convenciones, incluso de pavonearse.”
Healey menciona un ejemplo del período después de la revolución, cuando la guerra civil había llevado a la hambruna y la pobreza. “La gente estaba abandonando las ciudades porque no había ni comida, ni combustibles, ni trabajo. Se necesitó mucho tiempo para que se estabilizara la situación hasta que la gente se sintió económicamente cómoda y capaz de expresarse. Pero había una sensación de que las personas gays lo vivían también como su revolución. Por ejemplo, una drag queen en Kursk, mencionada en un artículo médico, parece que interpreta los eventos de la guerra civil y de la revolución como un permiso a ser escandalosa. Durante un tiempo la gente parecía dispuesta a seguir este camino.”
Un caso legal de 1927 nos ofrece otro ejemplo. Se trata de una mujer que había vivido como un hombre desde la revolución, por la que había sido una activista entusiasta. Se había casado con otra mujer en 1922. El juicio reconoció su matrimonio como “legal, porque se había realizado con consenso mutuo.” Es destacable que la Rusia soviética reconociera un matrimonio homosexual en los años 20, cuando en el Estado español tuvimos que llegar al año 2005.
Algunos historiadores han argumentado que no fue un gran avance para los homosexuales tener que tratar con los médicos y los psiquiatras en la Rusia soviética, en vez de tratar con la policía. Haley no está de acuerdo. Argumenta que exactamente esto era lo que los activistas homosexuales de la época estaban reivindicando y fue un paso adelante.
En términos históricos, es algo extremadamente progresista”, dice. “La medicina es un arma de doble filo, puede ser una fuerza para lo bueno o para lo malo. Muchos psiquiatras en los años 20 en Rusia mostraron una simpatía destacable para los homosexuales y trabajaban para intentar ayudar a sus pacientes homosexuales a adaptarse de algún modo a la homofobia que encontraban a su alrededor.”
Sin embargo, Healey habla también sobre las tensiones en el pensamiento bolchevique y en su experiencia con la sexualidad, tensiones que ve provenientes del deseo, por una parte, de liberar a las personas y, por otra, de mantener el estado colectivo soviético. Healey apunta que muchos líderes bolcheviques llamaron a la transformación de la vida familiar, a poner fin al trabajo doméstico y a los comedores sociales. Kollontai quería liberar las relaciones del penoso trabajo doméstico, permitiendo a las mujeres vivir vidas como trabajadoras independientes fuera de la casa familiar.
La posición de los bolcheviques frente a la homosexualidad y su compromiso con la liberación femenina le dio al régimen soviético una reputación internacional entre los que luchaban por la libertad sexual.
Activistas por los derechos de los homosexuales en todo el mundo, incluido Magnus Hirschfeld, probablemente el activista gay más importante del mundo en aquella época, se inspiraron en las victorias de la Rusia revolucionaria.
No obstante, Healey detecta también una visión diferente de la de Kollontai -la que describe como “una visión de poca confianza hacia el placer por el placer y una visión de muy poca confianza hacia las conductas desordenadas e irresponsables en las relaciones sexuales. El problema para los homosexuales es que sus relaciones parecen desordenadas, en parte porque no hay maneras aceptadas para que las personas gays se conozcan y formalizan sus relaciones”-. Healey tiene cuidado de matizar el contexto de todo esto. “La sexualidad no era un asunto de primera línea para el régimen”, opina. “Estaban más interesados en las cifras de la industria y en la creación de la primera economía socialista del mundo -ésta era su prioridad”. Estos argumentos tienen su mérito, pero la preocupación de los bolcheviques por proteger a su nueva sociedad no era por consideraciones económicas. Había también factores militares. La Rusia soviética estaba bajo ataque de fuerzas imperialistas y ejércitos contrarrevolucionarios durante la mayor parte de su tiempo en el poder.
Además, las visiones progresistas de Kollontai sobre sexualidad no eran nada marginales o insólitas entre los líderes bolcheviques. Leon Trotski, que jugó un papel crucial durante la revolución de 1917 y en la guerra civil después de ella, tenía posiciones similares en muchos de estos asuntos.
Cuando un periodista estadounidense le preguntó si era verdad que en Rusia se podía llegar al divorcio sólo con una simple petición de un cónyuge, Trotsky le respondió preguntándole si era verdad que había países donde todavía no se podía hacer esto.
Sea cual sea la lectura que se haga de los debates de los años 20, Healey recalca que los años 30 fueron una revocación completa de las victorias de la revolución, tanto por la democracia como para la libertad sexual.
La homosexualidad y el aborto se convirtieron ambos en delitos criminales en 1933, con una sentencia de cárcel de mínimo tres años por homosexualidad. Esto iba mano a mano con otros ataques -los pasaportes internos se introdujeron desde 1932 y los sueldos de los obreros se redujeron a una décima parte de los que eran en 1926-. Healey opina que se puede ver el principio de este giro con el primer plan quinquenal en 1928. La dirección empezó a preocuparse de aumentar la población, inquieta porque no iba a tener suficientes personas para el ejército.
El régimen de Stalin quería también mantener el control económico y social. La prostitución era independiente del régimen, así que empezaron a tomar medidas contra las prostitutas. Según comentaba Trotsky en aquel momento, el hecho de que de todas maneras existiera la prostitución demostraba que lejos estaba Rusia del socialismo real.
Al principio el Estado aspiraba a sacar a las prostitutas de las calles y a enseñarles un oficio. Pero después de unos años las pusieron en colonias de trabajo o las mandaron a campos carcelarios. Muchos prostitutos y otros hombres gays solían quedar en las mismas partes de las ciudades donde trabajaban las prostitutas, así que se vieron afectados por estos acontecimientos.
Una vez la homosexualidad volvió a ser criminalizada, centenas de hombres fueron arrestados en cuatro o cinco ciudades claves. De estos ataques no sabemos detalles, ya que los archivos relevantes de la KGB no son accesibles a los historiadores.
Healey subraya que incluso en esas condiciones, la prohibición fue un gran shock para mucha gente. “Hay el caso maravilloso de un comunista británico, Harry Whyte, que escribió a Stalin después de la prohibición de la homosexualidad. Le mandó buenos argumentos contra la prohibición, todos basados en un conocimiento bueno de la historia marxista.” Whyte estaba viviendo en Rusia en aquel momento, añade Healey. “Acudió a psiquiatras que no tenían ni idea de la prohibición y no se lo creían hasta que él les llevó un periódico y les enseñó que la prohibición ya se había llevado a cabo. Habló con varios oficiales, fue hasta a la policía y les preguntó cómo iban a interpretar esta prohibición.”
Healey explica que antes de 1933 la libertad sexual se consideraba como el sentido común en la Rusia soviética. “Era como una parte de la revolución sexual el hecho de que Rusia no perseguía a la gente de la misma manera que lo hacen los países “burgueses filisteos”, donde la constricción religiosa y moral alimentaba los antiguos prejuicios.” Por el contrario, en los años 30, los portavoces de Stalin empezaron a pretender que todos los homosexuales eran espías y fascistas.
Los ideales de la revolución fueron desenraizados y revocados. Las victorias y los atisbos de libertad en todos ámbitos de la vida humana fueron destrozados por la contrarrevolución estalinista.



miércoles, 19 de julio de 2017

Agosto 1917: El golpe de estado de Kornilov

Los bolcheviques enseñan qué significa ´frente único´





El 27 de agosto de 1917 el general en jefe del ejército ruso Kornilov decide dar un golpe de estado para así terminar con los bolcheviques y el gobierno provisional, constituido después de derrocar al Zar Nicolás II en febrero del mismo año. Para ello entregó Riga sin disparar un tiro al ejército alemán, en plena Primera Guerra Mundial, y se lanzó a la conquista de Sampeterburgo. Con él y su ejército de cosacos iban las esperanzas de todos los capitalistas, tanto rusos como extranjeros, en los dos bandos de la Primera Guerra Mundial. Su objetivo era parar los avances de la revolución de febrero e instalar una dictadura militar.
Rusia participó desde el principio (1914) en la Primera Guerra Mundial, declarando la guerra a los Imperios Centrales (Alemania e Imperio Austriaco), aliándose con la Entente (Reino Unido y Francia) lo que llevó a la ruina definitiva al país. La Revolución Rusa de febrero de 1917 acabó con la monarquía, pero no con la guerra. Aleksandr Kerenski, socialdemócrata, se alzó presidente de una Rusia republicana con un gobierno provisional, pequeño burgués, enfrentado a lxs bolcheviques, que crecían en poder en todas las ciudades rusas.
El gobierno de Kerenski comenzó a organizar la democracia burguesa y, frente a la idea de los bolcheviques de acabarla, mantuvo la guerra, cosechando derrotas y más derrotas. Esto hizo que el gobierno provisional nombrara a Kornilov como jefe del ejército. Con ello quería acallar así a la ultraderecha rusa que, por boca del general, exigía medidas conservadoras para Rusia. Cincuenta y siete años más tarde el presidente chileno Allende llegó al mismo pensamiento que el presidente ruso Kerenski, es decir, creía que si tenía a mano a lo más reaccionario del ejército este no lo traicionaría. No comprendió que el ejército es la mano armada de la contrarrevolución.
Kornilov y Kerensky se necesitaban el uno al otro y cada uno estaba tratando de usar al otro para su beneficio. El general representaba a la más rancia clase nobiliaria y a los grandes financieros, tanto rusos como internacionales, y Kerensky representaba a la mediana y pequeña empresa que esperaba que los militares les libraran de los bolcheviques para hacer de Rusia una nación burguesa más. Es más, Francia y Reino Unido ya habían hecho pública su amistad con Kornilov. Hasta Alemania veía con buenos ojos el plan del general, pues suponía cortar de raíz la amenaza revolucionaria. Habían recibido Riga sin disparar un solo tiro y esperaban que el general terminara con la revolución que ya estaba llegando a sus puertas.
El mismo día que Kornilov dio el golpe de estado, dirigiéndose a la capital rusa, Kerensky mandó un comunicado donde le retiraba el poder al general, porque este se quitaba la careta y exigió todo el poder civil para crear una dictadura militar, y comenzó la guerra civil en Rusia.
Lenin reaccionó frente a un sector del partido bolchevique que defendía al gobierno de Kerensky, en el sentido de que entendía que había que defender al estado ruso frente a la extrema derecha, es decir, frente al ataque de Kornilov. Lenin sin embargo pensaba que había que cambiar de táctica y luchar contra Kornilov, pero sin defender la gestión ni el cargo de Kerensky ni de su gobierno. Los bolcheviques, según Lenin, tenían el deber de hacer la revolución en todos los casos y la lucha por la patria, que proponía Kerensky, iba en contra del proceso revolucionario porque los obreros debían luchar por el socialismo, es decir, por el poder obrero frente al estado.
Los bolcheviques sacaron los siguientes puntos para dejar claro que la lucha entre Kerensky y Kornilov, era contrarevolucionaria: eliminación de todos los generales contrarevolucionarios y su sustitución por las elecciones llevadas a cabo por los soldados revolucionarios, transferencia inmediata de tierras a los campesinos organizados en comités de propietarios, control democrático de las fábricas, plantas de producción y bancos e introducción de ocho horas al día de trabajo por ley, abolición inmediata de todos los tratados secretos, proclamar la oferta de paz y, lo más importante, la transferencia de todo el poder a los obreros, campesinos y soldados revolucionarios.
Al unirse los bolcheviques a la lucha contra Kornilov pronto se demostró que tenían el control de las operaciones militares ya que, gracias al Comité Militar Revolucionario, movilizaron a toda la masa revolucionaria en torno a una idea, la defensa de la capital rusa, para que el general contrarevolucionario no llegara. Las claves fueron dar armamento a lxs obrerxs revolucionarixs, la democracia desde abajo y el poder de los bolcheviques que, aunque eran pocos, daban ejemplo de lucha en primera línea; en la capital consiguieron sacar de las fábricas a la Guardia Roja cuarenta mil revolucionarios armados y dispuesto a luchar.
En el resto de Rusia el avance de los contrarevolucionarios fue lento porque en todas las ciudades, fábricas y cuarteles los sóviets se pusieron al servicio de los bolcheviques. Uno de los mejores ejemplos de ello fue lo sucedido en los ferrocarriles, donde los trenes o no funcionaban o llegaban tarde gracias a los boicots obreros. Con esto se demostraba que la que estaba en verdad luchando contra Kornilov era la clase obrera empoderada, mandada por los bolcheviques.
El golpe fracasó después de cuatro días. Trostky escribió: “El golpe fracasó después de cuatro días, la insurrección había revertido, se derrumbó en pedazos, aspirado por la tierra”.
El hecho histórico de que la clase obrera rusa, consciente y armada, derrotara a todo un ejército profesional y contrarevolucionario, nos da idea del poder de nuestra clase social y nos hace ver los fallos de otros momentos casi idénticos para identificar nuestro camino, no para culpar, si no para clarificar la lucha del mañana. Allende no comprendió que, frente al ejército chileno, tenía como aliado a la clase obrera chilena, que se había organizado e iba a luchar no por la democracia sino por sus derechos como clase, motor principal para conseguir cualquier revolución que se llame socialista.
La lucha contra el golpe de estado de Kornilov terminó siendo la puntilla que abrió las puertas a la victoria de lxs bolcheviques porque, una vez que la clase obrera cogió las armas y vio que tenían el poder político en sus centros de trabajo, ya no lo quisieron soltar, a pesar de las ordenes de los ministros de defensa de disolver los cuerpos revolucionarios.
El poder de los soviets era ya en septiembre totalmente real, siendo el gobierno provisional de Kerensky el que intentaba ser contrapoder; solo hacía falta el último golpe para que triunfara la revolución socialista que defendían Lenin, Trotsky y el resto de bolcheviques. Lenin dijo tras derrotar al general golpista, el 18 de agosto, “Estaremos con el gobierno y con los mencheviques” pero, tras la negativa de estos a tratar con los bolcheviques, una semana más tarde, Lenin escribió “los socialistas revolucionarios y mencheviques habían rechazado nuestra oferta de un compromiso”.
Octubre cada día estaba más cerca…
Juan Antonio Gilabert


viernes, 7 de julio de 2017

Catalunya: la independencia como arma de ruptura

Escribo tras saberse la condena a Artur Más por haber permitido una votación simbólica sobre la independencia. Según El País: “El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha impuesto a Mas la pena de dos años de inhabilitación para ejercer cargos públicos por organizar la consulta independentista del 9 de noviembre de 2014 pese a que había sido prohibida por el Tribunal Constitucional. El expresident ‘pervirtió los principios democráticos’ junto a dos cargos de su Gobierno, también condenadas: la vicepresidenta Joana Ortega y la consejera de Enseñanza Irene Rigau.”
Es la muestra más reciente de negación por parte del Estado español hacia el derecho del pueblo de Catalunya a decidir su futuro. Y no nos engañemos, el “Tribunal Superior de Justicia de Cataluña” forma parte del Estado español; ni siquiera es capaz de dictar su sentencia en catalán.
Es una razón más (y ya había muchas) para que la izquierda española se replantee su visión sobre la cuestión nacional catalana.
Entre la neutralidad y la hostilidad
Es bien sabido que el PSOE, como partido del establishment, defiende la “unidad de España”. Pero incluso en Izquierda Unida (IU) y más allá no hay claridad acerca de la cuestión nacional. En tiempos de ETA, IU se sumaba una vez tras otra a manifestaciones donde se “condenaba la violencia” y se “defendían las vías democráticas”… codo con codo con el PP de Aznar. En realidad, se sumaba al coro de oposición al derecho a decidir del pueblo vasco.
El movimiento por la autodeterminación de Catalunya es no violento y aun así la respuesta de la izquierda es tibia e incluso hostil. Alberto Garzón dijo en 2015: “No estoy a favor de la independencia de Catalunya porque tengo más en común con un trabajador catalán que con un especulador de Marbella, mi tierra”. Cierto, pero una trabajadora de Madrid tiene más en común con una trabajadora francesa o marroquí que con ningún empresario y no se ve que Garzón abogue por eliminar las fronteras del Estado español.
En este tema, como en tantos otros, la dirección de Podemos es bastante parecida a la de IU. A finales de 2014, leíamos que “Iglesias ha ofrecido abrir un proceso constituyente ‘para discutir con todos de todo’ aunque ha insistido en que él no quiere que Cataluña se independice.” Añadía: “Eso sí, a mí no me veréis darme un abrazo ni con Rajoy ni con Mas”. Fue una nada velada referencia a la salutación entre David Fernández y Artur Mas al final del día en el que dos millones largos de personas en Catalunya habían desafiado a los tribunales, participando en la votación del 9N. Incluso Iglesias reconoció su error y pidió disculpas un mes después.
La pregunta de si se apoya o no el derecho de Catalunya a la independencia es muy sencilla. Responder diciendo que “deberíamos poder decidir sobre todo” es evadirla. Es como negarse a defender el derecho al aborto porque “las mujeres deberían poder decidir sobre todo”.
Y las advertencias acerca del papel nefasto de la burguesía catalana —a menudo dirigidas hacia la CUP, el espacio amplio de la izquierda anticapitalista e independentista— son innecesarias. La izquierda radical y los movimientos sociales de Catalunya llevamos años luchando contra la clase dirigente catalana y no dejaremos de hacerlo ahora. La cuestión es otra: ¿qué significa en este momento la lucha por la independencia? ¿A quién beneficia —o mejor dicho, a quién le podría beneficiar—  la independencia de Catalunya?
La independencia como ruptura
Es bien sabido que la Convergència i Unió de Jordi Pujol gobernó Catalunya durante más de dos décadas y no tuvo ningún interés en promover la independencia, más allá de algún discurso acalorado en las Diadas. Lo que cambió la situación fue el bloqueo por parte de las autoridades españolas, y del PP y del PSOE, ante el intento de ampliar un poco el autogobierno catalán mediante una reforma del estatuto autonómico; un intento impulsado, paradójicamente, por el governtripartit del PSC, Iniciativa-EUiA y ERC. Incluso la versión “cepillada” del estatuto que volvió de Madrid, que luego se aprobó en referéndum fue, posteriormente, parcialmente suspendida por el Tribunal Constitucional.

Ante el bloqueo de Madrid, la independencia pasó de ser la demanda de una pequeña minoría, como lo había sido durante años, a ser masiva (no sabemos si efectivamente es mayoritaria… porque no nos dejan hacer un referéndum). Fue este cambio en la calle lo que arrastró a la mayoría de Convergència a apostar por la independencia, lo que le costó una grave fractura interna y la ruptura con Unió. Esto —junto, no lo olvidemos, a los escándalos de corrupción— lo llevó a cambiar su nombre oficial a “PedeCat” (aunque todo el mundo sigue llamándolos “Convergència”).
La amplitud del movimiento supone que la independencia significa cosas muy diferentes para diferentes sectores. La dirección de “PedeCat” —tensionada entre sus bases pequeñoburguesas, sedientas de independencia, y la gran burguesía que no quiere cambio alguno— opta por defender una independencia que no cambie casi nada. De ahí las afirmaciones de Artur Mas de que una Catalunya independiente sería leal a la OTAN, ignorando así una de las pocas veces que el país pudo decidir y votó en contra de la misma en el referéndum de 1986.

Pero la gran mayoría de la población de Catalunya es de clase trabajadora y cuando se le pregunta el país que quiere incluye mejores servicios sociales, más democracia, más justicia social…
El reto para la izquierda es saber conectar el cambio nacional con los cambios sociales que lo podrían, y deberían, acompañar. Es decir, que la independencia no debería ser un simple cambio de bandera sobre un sistema inmutable, sino un proceso constituyente en toda regla; una oportunidad para construir un país realmente nuevo.
Romper con el régimen del 78
Hace bastantes años que se habla de una nueva transición, o mejor, de un proceso constituyente, tanto en Catalunya como en el resto el Estado español.
El problema es que está en vía muerta. Hubo algunos intentos de IU de reinventarse como algo nuevo. Luego irrumpió el movimiento 15M con mucha promesa, pero en general no se logró convertir el entusiasmo en un motor de cambio real. (Es otro debate, pero se podría decir brevemente que la clave del breve éxito de Tahrir en Egipto en 2011 —contagiar el espíritu de las plazas a la clase trabajadora, provocando una ola de huelgas y la caída del dictador— casi ni se planteó en el movimiento 15M). Como sabemos, los y las impulsoras de Podemos se presentaron como herederas del 15M, pero su “asalto a los cielos” electoral tampoco da muestras de cambio real.
En contraste, con todas sus contradicciones, el movimiento en Catalunya por el derecho a decidir, y en principio por la independencia, tiene el potencial de romper el Estado español en lo que es ahora mismo su eslabón más débil.
Para la izquierda radical en Catalunya, esto exige mucha inteligencia política. Debe saber conectar con este deseo de independencia sin dejarse chantajear por las exigencias de “lealtad” y “unidad” por parte de la derecha neoliberal catalanista. A pesar de las críticas que se le podrían hacer, en general la CUP cumple esta función bastante bien. En cambio, el espacio de los Comunes dice priorizar la cuestión social por encima de la nacional, pero en la práctica aboga por obedecer las leyes y la Constitución españolas. Y tengamos claro que si ambas prohíben el cambio nacional, lo harían aún más ante un cambio social.
Por otro lado, la izquierda española tiene una gran responsabilidad. Debe abandonar su neutralidad —u hostilidad— y defender abiertamente el cambio.
Si Catalunya logra su independencia y empieza a construir un nuevo país, con nuevas propuestas —hay, por ejemplo, un consenso bastante amplio en Catalunya en contra de tener un ejército— abrirá el camino para lo que quede del Estado español.
Por tanto, la izquierda española no debe recibir las demandas de independencia con recelos o sospechas. Al contrario, cada persona de izquierdas o de los movimientos sociales del conjunto del Estado debe ser un activo a favor del derecho a decidir de Catalunya, y contra todas las medidas represivas que ya están en marcha y que irán en aumento.
Si nuestros enemigos logran ahogar esta demanda democrática de Catalunya, tendrán más fuerzas para reprimir todas las otras demandas democráticas y sociales que existen en cualquier territorio. En cambio, la victoria de Catalunya, frente a todo lo rancio del Estado español, sería una victoria para el progreso en Madrid, Sevilla, Zaragoza…
David Karvala, militante de Marx21.net

martes, 4 de julio de 2017

Solidaridad con el movimiento en el Rif y en Marruecos




Desde hace más de un año y medio la gente en la región del Rif y el resto de Marruecos está saliendo a las calles. Están demandando un fin ala humillación (“hogra”) que sufren de manos dela policía y de los oficiales del Estado, inversiones en servicios públicos y trabajo.

El movimiento empezó con el brutal asesinato policial del pescadero Mohcine Fikri en Alhucema. Alhucema es parte de la región del Rif, en el norte del país -una parte de Marruecos política, económica y culturalmente marginalizada-. La región tiene una rica historia de resistencia, tanto contra el colonialismo como contra el régimen marroquí. Las demandas del pueblo Amazigh que vive en la región han sido adoptadas por gente en todo el país.

Las protestas han aumentado en las últimas semanas, y se han ido fortaleciendo por reacción a la represión. Después de años de silencio, la gente sale a las calles en grandes cifras. Las mujeres cogen un papel de líderes en las protestas. El domingo pasado centenas de miles se manifestaron en la capital marroquí, Rabat.

Hace dos semanas el estado intensificó la represión, mandando a prisión al líder del movimiento, Nasser Zafzafi, y a otros. Más de cien activistas están ahora en prisión, enfrentándose a torturas y casos legales fabricados. El régimen está difundiendo mentiras a través de los medios de comunicación y de las mezquitas, sobre el “secesionismo” del movimiento. Estas mentiras circulan también entre la diáspora marroquí en Europa. Pero, por ahora, la represión y la calumnia lo que han conseguido es más gente en las calles y nuevas personas erigiéndose como portavoces.

El movimiento ha aprendido del movimiento del 20 de febrero, que surgió durante la primavera árabe pero se enfrentó con una represión masiva. El movimiento sigue disciplinado, reitera que su naturaleza es no violenta y no da espacio a provocadores. 

Los líderes de los estados de la región tienen miedo de que este movimiento pueda volver a despertar el espíritu militante de las masas, y tienen razón.

Los poderes occidentales en general, y la Unión Europea en particular, han estado siempre muy cerca del rey marroquí, con iniciativas que van desde el programa de extradiciones extraordinarias para torturas hasta los tratados de la Unión Europea que dejan los mares de Marruecos sin peces. Mostramos nuestra plena solidaridad con el pueblo del Rif y de Marruecos y con sus reivindicaciones legítimas: la liberación de todos los presos políticos, inversión en servicios públicos y fin de la militarización del Rif. ¡Todo el poder al pueblo!

Comunicado de la Corriente Socialismo Internacional
14 de junio de 2017